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Bilardistas vs menottistas: dilema oficial sobre consumo, gasto e inflación

Ya discuten si la economía crecerá sin dinamizar el gasto de hogares y con las fábricas en rojo. Temor por el grupo de economistas que presiona por más ajuste. La reforma previsional que se viene.
Por 19/06/2017 06:35 PM

Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina y los tiempos políticos desfasados de los resultados económicos, en el Gobierno los debates sobre qué hacer con temas estratégicos salieron de la esfera pública para concentrarse en internas silenciosas pero fuertes. No hay grieta, pero sí guerra de estilos. Esas diferencias algunos las ponen en términos futbolísticos: hay dos vertientes, los “bilardistas” y los “menottistas”. Entre los que representan la “efectividad” de Carlos Bilardo, el pragmatismo que garantiza resultados a cualquier precio, se sitúan los directivos del Banco Central (BCRA), que conduce Federico Sturzenegger, y el ala dura de Hacienda, centralizada en la persona de Luis “Toto” Caputo, el secretario de Finanzas. “La verdad es que son los únicos que le han llevado resultados al Presidente (Mauricio Macri) y, por más que no estemos de acuerdo, hay cosas que no se discuten”, cuentan las cabezas del ala blanda sobre el rendimiento de los duros. Entre los que predican un estilo más virtuoso y de menos ajuste, asimilable al fútbol de César Luis Menotti, aparece buena parte de los segundas líneas del Ministerio del Interior, que conduce Rogelio Frigerio. Ese bando lo completan algunos economistas que trabajan para Nicolás Dujovne, aquellos que creen que el nivel de endeudamiento externo no es sustentable y, por lo bajo, se quejan de las emisiones seriales de Caputo.

El bono en dólares a cien años, la última creación del primo del mejor amigo del presidente de la Nación, casi que dinamitó la paz de los claustros en Casa Rosada. A pesar de su éxito en los sondeos previos de Letra P (hubo sobredemanda y muchos de los que se sumaron creen que es beneficioso para seducir calificadoras de riesgo que quieran corregir la nota de Argentina), el título recibió críticas de ambos bandos y hasta de algunos aliados fieles a Cambiemos, con el massista oscilante Guillermo Nielsen, ex funcionario de Néstor Kirchner y experto en colocaciones. Sin ir más lejos, fue el propio Frigerio quien hace 15 días deslizó que el nivel de toma de deuda en el exterior no mostraba un futuro claro y que había que empezar a moderarlo.

El segundo gran tema de la agenda es la inflación. Allí, el “bilardismo” por ahora golea y, a su manera, gusta. Sturzenegger es para Macri su estratega en temas económicos, el único que interpreta el pensamiento presidencial y juega siempre bien. El BCRA no admite tibios: juega a todo o nada. Cuando alguien pregunta por los efectos adversos de la política de tasas de interés altas y metas de inflación, responde que la entidad no hace política económica. Y que el objetivo es que el ritmo de los precios desacelere fuerte. “Si quieren saber cómo hacer para que la industria repunte, que hablen con Cabrera”, responden en el Central. La referencia es para Francisco “Pancho” Cabrera, el ministro de la Producción, uno de los que inicialmente contó con el paraguas de Macri, pero que está en un área muy caliente. Esta cartera no aparece encuadrada bajo ninguno de los dos estilos y es eso lo que en parte se le cuestiona. La semana pasada, cuando Cabrera se reunió con la Unión Industrial Argentina (UIA), hubo pedidos de estímulos para las fábricas, mejores tasas para el crédito pyme. Pero no hubo respuestas concretas y el clima con los industriales sigue congelado como los números de la producción. En la entidad que conduce Miguel Acevedo entienden que los “bilardistas” hoy están un paso adelante en la consideración de Macri, lo que supone un problema de largo plazo para las chimeneas.

El mayor de los dilemas es tirante e incluye el control al gasto público y la dinamización del consumo básico. Los frigeristas descartan que la economía va a crecer sin el gasto hogareño, pero a un ritmo tan moderado que “no se va a notar”. Lo dicen off the record sin problemas y saben que hay que trabajar en medidas que despierten el consumo. Hay algunos hechos recientes que hacen meditar a Macri. Por un lado, el éxito del hot sale de María Eugenia Vidal y Juan Curutchet, presidente del Banco Provincia. Con resultado dispar, el beneficio de descuento del 50% a los que compren en supermercados con tarjetas de esa entidad demostró que, aunque golpeada por la inflación y las tarifas de los servicios, hay un segmento poblacional medio y bajo que tiene necesidad de comprar. De consumir lo más básico. “Fue una muestra, con poco, y surtió efecto”, contó un economista que tiene ascendencia en la Jefatura de Gabinete.

En la misma línea, no son pocos los sectores que le piden a la Secretaría de Comercio nacional que los habilite a vender en más cuotas que las tres sin interés. Por ahora se venían negando, pero detalles como la caída de más del 3% en las ventas por el Día del Padre ponen en evidencia que el sistema de pagos en cuotas necesariamente debe replantearse. “No tenemos que hacer kirchnerismo explícito, pero algo tenemos que hacer”, se sincera otro interlocutor del ala blanda.

Toda esta teoría de la reactivación que intentan hacerle entender al Presidente tiene una contra mediática. La embestida de economistas que el propio Gobierno describe como “de derecha” y que presionan para que el ajuste en las cuentas públicas sea más profundo. Hasta los tienen catalogados por niveles de radicalización. Los del tipo José Luis Espert, privatistas, o el profesor Javier Milei, un cruzado contra el gasto estatal. Son los que menos preocupan porque le sirven al Gobierno en su intención de mostrarse en la senda del medio. Pero hay algunos más respetados, como los mandos altos de la consultora FIEL y Economía y Regiones, la ex firma de Frigerio que hoy conduce Diego Giacomini, que dicen lo mismo que los antes mencionados pero con más seriedad. Que con este nivel de déficit fiscal es imposible crecer y atraer inversiones y que, si no se recorta en serio, están en juego las posibilidades políticas de Cambiemos. Esos cuadros, de todos modos, no tienen identificación política dentro de Cambiemos más allá de Sturzenegger. Había, en tiempos de Carlos Melconian, una linealidad mayor con el objetivo de cortar el gasto. Fue esa obsesión, precisamente, la que lo sacó al economista del Banco Nación del Gobierno. El otro que está consustanciado con hacer que el Estado gaste menos y mejor es el ministro de Energía, Juan José Aranguren, que ya tiene en carpeta un nuevo aumento en las tarifas para noviembre. Mismo momento en que el Gobierno tiene pensado descongelar la codificación del fútbol poniéndole fin a la televisación gratuita.

En la otra esquina, en el Gobierno miran con interés y respeto los datos de Analytica, la consultora que supo crear el encargado de Obras Públicas de Frigerio, el racinguista Ricardo Delgado. En su último informe dieron cuenta del fenómeno que divide aguas en el oficialismo. “Existe consenso en que el boom inversor se está demorando. Esto se debe a que el ritmo de crecimiento económico todavía es mediocre y la debilidad del consumo de los hogares hace que no reaccione la inversión en aquellos sectores dependientes de la demanda doméstica”, destacó la firma. Y concluyó que, “en este contexto, si bien la inversión será el principal driver del crecimiento, no esperamos 'un boom' inversor en el corto plazo; entendiendo como boom a un salto superior a los 5 p.p. del ratio inversión PBI, hoy en 15%”. Los pronósticos de los bancos son similares. Los economistas del Galicia observan un crecimiento del 3%, que supone una baja de cinco puntos contra la estimación de principios de año. Aunque son positivos respecto a la inflación, que estará en torno al 20%.

En toda esta disputa hay algunos puntos comunes: por un lado, casi todos adhieren a la reforma impositiva que redactó Dujovne. Y entienden que, luego de las elecciones legislativas, se vendrá otra batalla para racionalizar el gasto del Estado en el largo plazo. Una reforma previsional para subir la edad jubilatoria, dado que hay provincias en las cuales hay personas que se retiran de la actividad a los 50 años o menos.

Bilardistas vs menottistas: dilema oficial sobre consumo, gasto e inflación

Ya discuten si la economía crecerá sin dinamizar el gasto de hogares y con las fábricas en rojo. Temor por el grupo de economistas que presiona por más ajuste. La reforma previsional que se viene.

Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina y los tiempos políticos desfasados de los resultados económicos, en el Gobierno los debates sobre qué hacer con temas estratégicos salieron de la esfera pública para concentrarse en internas silenciosas pero fuertes. No hay grieta, pero sí guerra de estilos. Esas diferencias algunos las ponen en términos futbolísticos: hay dos vertientes, los “bilardistas” y los “menottistas”. Entre los que representan la “efectividad” de Carlos Bilardo, el pragmatismo que garantiza resultados a cualquier precio, se sitúan los directivos del Banco Central (BCRA), que conduce Federico Sturzenegger, y el ala dura de Hacienda, centralizada en la persona de Luis “Toto” Caputo, el secretario de Finanzas. “La verdad es que son los únicos que le han llevado resultados al Presidente (Mauricio Macri) y, por más que no estemos de acuerdo, hay cosas que no se discuten”, cuentan las cabezas del ala blanda sobre el rendimiento de los duros. Entre los que predican un estilo más virtuoso y de menos ajuste, asimilable al fútbol de César Luis Menotti, aparece buena parte de los segundas líneas del Ministerio del Interior, que conduce Rogelio Frigerio. Ese bando lo completan algunos economistas que trabajan para Nicolás Dujovne, aquellos que creen que el nivel de endeudamiento externo no es sustentable y, por lo bajo, se quejan de las emisiones seriales de Caputo.

El bono en dólares a cien años, la última creación del primo del mejor amigo del presidente de la Nación, casi que dinamitó la paz de los claustros en Casa Rosada. A pesar de su éxito en los sondeos previos de Letra P (hubo sobredemanda y muchos de los que se sumaron creen que es beneficioso para seducir calificadoras de riesgo que quieran corregir la nota de Argentina), el título recibió críticas de ambos bandos y hasta de algunos aliados fieles a Cambiemos, con el massista oscilante Guillermo Nielsen, ex funcionario de Néstor Kirchner y experto en colocaciones. Sin ir más lejos, fue el propio Frigerio quien hace 15 días deslizó que el nivel de toma de deuda en el exterior no mostraba un futuro claro y que había que empezar a moderarlo.

El segundo gran tema de la agenda es la inflación. Allí, el “bilardismo” por ahora golea y, a su manera, gusta. Sturzenegger es para Macri su estratega en temas económicos, el único que interpreta el pensamiento presidencial y juega siempre bien. El BCRA no admite tibios: juega a todo o nada. Cuando alguien pregunta por los efectos adversos de la política de tasas de interés altas y metas de inflación, responde que la entidad no hace política económica. Y que el objetivo es que el ritmo de los precios desacelere fuerte. “Si quieren saber cómo hacer para que la industria repunte, que hablen con Cabrera”, responden en el Central. La referencia es para Francisco “Pancho” Cabrera, el ministro de la Producción, uno de los que inicialmente contó con el paraguas de Macri, pero que está en un área muy caliente. Esta cartera no aparece encuadrada bajo ninguno de los dos estilos y es eso lo que en parte se le cuestiona. La semana pasada, cuando Cabrera se reunió con la Unión Industrial Argentina (UIA), hubo pedidos de estímulos para las fábricas, mejores tasas para el crédito pyme. Pero no hubo respuestas concretas y el clima con los industriales sigue congelado como los números de la producción. En la entidad que conduce Miguel Acevedo entienden que los “bilardistas” hoy están un paso adelante en la consideración de Macri, lo que supone un problema de largo plazo para las chimeneas.

El mayor de los dilemas es tirante e incluye el control al gasto público y la dinamización del consumo básico. Los frigeristas descartan que la economía va a crecer sin el gasto hogareño, pero a un ritmo tan moderado que “no se va a notar”. Lo dicen off the record sin problemas y saben que hay que trabajar en medidas que despierten el consumo. Hay algunos hechos recientes que hacen meditar a Macri. Por un lado, el éxito del hot sale de María Eugenia Vidal y Juan Curutchet, presidente del Banco Provincia. Con resultado dispar, el beneficio de descuento del 50% a los que compren en supermercados con tarjetas de esa entidad demostró que, aunque golpeada por la inflación y las tarifas de los servicios, hay un segmento poblacional medio y bajo que tiene necesidad de comprar. De consumir lo más básico. “Fue una muestra, con poco, y surtió efecto”, contó un economista que tiene ascendencia en la Jefatura de Gabinete.

En la misma línea, no son pocos los sectores que le piden a la Secretaría de Comercio nacional que los habilite a vender en más cuotas que las tres sin interés. Por ahora se venían negando, pero detalles como la caída de más del 3% en las ventas por el Día del Padre ponen en evidencia que el sistema de pagos en cuotas necesariamente debe replantearse. “No tenemos que hacer kirchnerismo explícito, pero algo tenemos que hacer”, se sincera otro interlocutor del ala blanda.

Toda esta teoría de la reactivación que intentan hacerle entender al Presidente tiene una contra mediática. La embestida de economistas que el propio Gobierno describe como “de derecha” y que presionan para que el ajuste en las cuentas públicas sea más profundo. Hasta los tienen catalogados por niveles de radicalización. Los del tipo José Luis Espert, privatistas, o el profesor Javier Milei, un cruzado contra el gasto estatal. Son los que menos preocupan porque le sirven al Gobierno en su intención de mostrarse en la senda del medio. Pero hay algunos más respetados, como los mandos altos de la consultora FIEL y Economía y Regiones, la ex firma de Frigerio que hoy conduce Diego Giacomini, que dicen lo mismo que los antes mencionados pero con más seriedad. Que con este nivel de déficit fiscal es imposible crecer y atraer inversiones y que, si no se recorta en serio, están en juego las posibilidades políticas de Cambiemos. Esos cuadros, de todos modos, no tienen identificación política dentro de Cambiemos más allá de Sturzenegger. Había, en tiempos de Carlos Melconian, una linealidad mayor con el objetivo de cortar el gasto. Fue esa obsesión, precisamente, la que lo sacó al economista del Banco Nación del Gobierno. El otro que está consustanciado con hacer que el Estado gaste menos y mejor es el ministro de Energía, Juan José Aranguren, que ya tiene en carpeta un nuevo aumento en las tarifas para noviembre. Mismo momento en que el Gobierno tiene pensado descongelar la codificación del fútbol poniéndole fin a la televisación gratuita.

En la otra esquina, en el Gobierno miran con interés y respeto los datos de Analytica, la consultora que supo crear el encargado de Obras Públicas de Frigerio, el racinguista Ricardo Delgado. En su último informe dieron cuenta del fenómeno que divide aguas en el oficialismo. “Existe consenso en que el boom inversor se está demorando. Esto se debe a que el ritmo de crecimiento económico todavía es mediocre y la debilidad del consumo de los hogares hace que no reaccione la inversión en aquellos sectores dependientes de la demanda doméstica”, destacó la firma. Y concluyó que, “en este contexto, si bien la inversión será el principal driver del crecimiento, no esperamos 'un boom' inversor en el corto plazo; entendiendo como boom a un salto superior a los 5 p.p. del ratio inversión PBI, hoy en 15%”. Los pronósticos de los bancos son similares. Los economistas del Galicia observan un crecimiento del 3%, que supone una baja de cinco puntos contra la estimación de principios de año. Aunque son positivos respecto a la inflación, que estará en torno al 20%.

En toda esta disputa hay algunos puntos comunes: por un lado, casi todos adhieren a la reforma impositiva que redactó Dujovne. Y entienden que, luego de las elecciones legislativas, se vendrá otra batalla para racionalizar el gasto del Estado en el largo plazo. Una reforma previsional para subir la edad jubilatoria, dado que hay provincias en las cuales hay personas que se retiran de la actividad a los 50 años o menos.