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¿Hay sindicalismo en cambiemos?

¿Hay sindicalismo en cambiemos?

19/05/2017 05:05 PM

Se muestra a sindicalistas pasando del kirchnerismo al massismo o al randazzismo, pero un creciente movimiento de gremios, en vez de cambiar de partido político, está cambiando las prácticas sindicales abusivas, tan repudiadas por la sociedad, por comportamientos transparentes.

A pesar de que el sindicalismo argentino es de los más organizados y solidarios del mundo, los sindicalistas tenemos 80% de imagen negativa. Corrupción y mafia son palabras con las que mucha gente asocia a los dirigentes gremiales (también a los empresarios y políticos).

Pero asoma una generación distinta de sindicalistas: apasionada, inquieta y dispuesta a corregir defectos y recuperar espacios. Defensora del modelo basado en las leyes de convenios colectivos, de registro laboral y de asociaciones sindicales.

Varias organizaciones creadas entre 1990 y 2010 (por ejemplo, Motociclistas, Peajistas, Farmacéuticos, Aeronavegantes, Informáticos y Jerárquicos de comercio) creen en la vocación de servicio, en la capacitación y competencia laboral y en el equilibrio entre las demandas del trabajador y las posibilidades del empleador. Consideran que los trabajadores tienen derechos pero también obligación de cumplir honestamente su labor y, que mientras mejor le vaya al empleador, más chance tendrá el sindicato de obtener mejoras para el trabajador.

El sindicalismo argentino, desarrollado al calor del peronismo -y perseguido pero no aniquilado por la dictadura-, tiene pendiente una actualización.

La economía moderna obliga a colaborar con la empresa para defender la fuente laboral y para participar de sus frutos. La automatización de la manufactura industrial, la feminización de la fuerza laboral, la subcontratación, tercerización y empleo temporario imponen una reingeniería sindical que incluya proteger no solo a afiliados, sino también a los excluidos de la formalidad laboral, que luego se sindicalizarán.

Conocedora de esta realidad, las 62 Organizaciones Peronistas abrieron la puerta a varios dirigentes que despiertan la esperanza de rejuvenecer el sindicalismo. Porque ser combativo y luchador y defender firmemente los derechos laborales es la esencia del modelo sindical argentino, pero “negarse a dar clases”, “cerrar estaciones de servicio”, “dar vuelta taxis” o “robarse afiliados de otros gremios” son prácticas antisindicales, que evidencian la confusión en que cayeron algunos compañeros.

Por suerte, estas prácticas equivocadas se acotan a unos cien dirigentes, pero hay que destacar que existen 75 mil sindicalistas en el país que se levantan todos los días a cumplir correctamente su función.

Pero, ¡cuidado! Hay quienes pretenden “matar” el modelo sindical; de ahí la urgencia de modernizarnos para reducir nuestras contradicciones y divisiones.

Por eso hay que meterse en política, porque no hay soluciones gremiales sin soluciones políticas. Hay que fortalecer el papel y la representatividad del sindicalismo. Es la demanda de las bases. Hay que convencer al Presidente, electo por el pueblo, que con más y mejor sindicalismo -no con menos- se fortalecerá el Gobierno. Hay que “peronizar” Cambiemos.

El sindicalismo dispuesto a cambiar participará de estas elecciones, sumando legisladores comprometidos con el país; sin corrupción ni especulaciones partidarias. Porque como los peronistas sabemos: “El que gana conduce y el que pierde, acompaña”.

¿Hay sindicalismo en cambiemos?

Secretario General del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB). Secretario de Salud y Previsión Social de las 62 Organizaciones Peronistas.

Se muestra a sindicalistas pasando del kirchnerismo al massismo o al randazzismo, pero un creciente movimiento de gremios, en vez de cambiar de partido político, está cambiando las prácticas sindicales abusivas, tan repudiadas por la sociedad, por comportamientos transparentes.

A pesar de que el sindicalismo argentino es de los más organizados y solidarios del mundo, los sindicalistas tenemos 80% de imagen negativa. Corrupción y mafia son palabras con las que mucha gente asocia a los dirigentes gremiales (también a los empresarios y políticos).

Pero asoma una generación distinta de sindicalistas: apasionada, inquieta y dispuesta a corregir defectos y recuperar espacios. Defensora del modelo basado en las leyes de convenios colectivos, de registro laboral y de asociaciones sindicales.

Varias organizaciones creadas entre 1990 y 2010 (por ejemplo, Motociclistas, Peajistas, Farmacéuticos, Aeronavegantes, Informáticos y Jerárquicos de comercio) creen en la vocación de servicio, en la capacitación y competencia laboral y en el equilibrio entre las demandas del trabajador y las posibilidades del empleador. Consideran que los trabajadores tienen derechos pero también obligación de cumplir honestamente su labor y, que mientras mejor le vaya al empleador, más chance tendrá el sindicato de obtener mejoras para el trabajador.

El sindicalismo argentino, desarrollado al calor del peronismo -y perseguido pero no aniquilado por la dictadura-, tiene pendiente una actualización.

La economía moderna obliga a colaborar con la empresa para defender la fuente laboral y para participar de sus frutos. La automatización de la manufactura industrial, la feminización de la fuerza laboral, la subcontratación, tercerización y empleo temporario imponen una reingeniería sindical que incluya proteger no solo a afiliados, sino también a los excluidos de la formalidad laboral, que luego se sindicalizarán.

Conocedora de esta realidad, las 62 Organizaciones Peronistas abrieron la puerta a varios dirigentes que despiertan la esperanza de rejuvenecer el sindicalismo. Porque ser combativo y luchador y defender firmemente los derechos laborales es la esencia del modelo sindical argentino, pero “negarse a dar clases”, “cerrar estaciones de servicio”, “dar vuelta taxis” o “robarse afiliados de otros gremios” son prácticas antisindicales, que evidencian la confusión en que cayeron algunos compañeros.

Por suerte, estas prácticas equivocadas se acotan a unos cien dirigentes, pero hay que destacar que existen 75 mil sindicalistas en el país que se levantan todos los días a cumplir correctamente su función.

Pero, ¡cuidado! Hay quienes pretenden “matar” el modelo sindical; de ahí la urgencia de modernizarnos para reducir nuestras contradicciones y divisiones.

Por eso hay que meterse en política, porque no hay soluciones gremiales sin soluciones políticas. Hay que fortalecer el papel y la representatividad del sindicalismo. Es la demanda de las bases. Hay que convencer al Presidente, electo por el pueblo, que con más y mejor sindicalismo -no con menos- se fortalecerá el Gobierno. Hay que “peronizar” Cambiemos.

El sindicalismo dispuesto a cambiar participará de estas elecciones, sumando legisladores comprometidos con el país; sin corrupción ni especulaciones partidarias. Porque como los peronistas sabemos: “El que gana conduce y el que pierde, acompaña”.