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La batalla del Bajo: fuego cruzado por encima de una grieta histórica

La batalla del Bajo: fuego cruzado por encima de una grieta histórica

06/04/2017 07:24 PM

 

Entre Azopardo 802, en el barrio de San Telmo, y Machaca Güemes 305, en Puerto Madero, hay 1,8 kilómetro. Caminando, una persona puede llegar de un lugar al otro en 22 minutos. Sin embargo, en la tarde de este jueves, esos 1.800 metros fueron un abismo.

En esas dos locaciones físicamente tan cercanas pero simbólicamente tan distantes, cavaron sus trincheras la CGT y el Gobierno.

En el cuartel general de la central obrera -en ese edificio que le donó Perón justo en la mitad del siglo XX-, custodiados por los murales que tributan al realismo socialista mexicano de los obreristas Siqueiros, Orozco y Rivera, reunidos en el salón que lleva el nombre de un dirigente metalúrgico desaparecido en tiempos de la resistencia peronista, los gordos, negros y feos; los que se comen las eses, reparten choripanes y fletan micros para arrear pobres a sus movilizaciones extorsivas.

En el Hotel Hilton Buenos Aires, imponente en su opulencia capitalista, aséptico en su estilo tan Manhattan, tan MOMA de Nueva York, tras los cristales espejados, la elegancia liberal de los CEOs PRO en reunión de primus interpares con los enviados del poder económico global.

En el medio, la grieta de la Argentina, que no es nueva ni kirchnerista –que no fue descubierta por Jorge Lanata-, sino tan vieja como la Argentina misma: antes incluso de la Revolución de Mayo, ya había decentes y chusma en la Buenos Aires colonial.

De un lado al otro, acortando los 1.800 metros de grieta por las pistas electrónicas de la comunicación 2.0, el fuego cruzado:

- Desde Puerto Madero, el presidente Mauricio Macri abrió la contienda con una ironía presuntamente sutil: “Qué bueno que hoy estemos acá trabajando”.

- Desde San Telmo, el secretario general Héctor Daer le contestó: "Nosotros todavía estamos tristes porque hay millones y millones de compatriotas nuestros que no tienen trabajo".

- Desde Puerto Madero, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, interpretó: "La inmensa mayoría de los argentinos rechaza cualquier método violento, extorsivo, que quiera imponer la voluntad de unos pocos sobre el conjunto".

- Desde San Telmo, Daer replicó: “La de hoy fue una jornada democrática, basada en los preceptos de nuestra Constitución Nacional”. Aclaró que "las interrupciones de tráfico no las compartimos y no las convocamos", pero advirtió: "Tampoco el uso de la violencia y la represión es necesario para desalojar una ruta".

Fue, la del Bajo porteño, una batalla por la Verdad. La de San Telmo versus la de Puerto Madero. La de los negros choripaneros versus la de los CEOs elegantes. La del modelo de ajuste que castiga a las clases trabajadoras, paraliza el consumo y cierra fábricas versus la del entusiasmo del mundo y el deseo irrefrenable de cambio.

En el medio, caída en el fondo de la grieta, la promesa del Presidente de unir a los argentinos.

 

La batalla del Bajo: fuego cruzado por encima de una grieta histórica

 

Entre Azopardo 802, en el barrio de San Telmo, y Machaca Güemes 305, en Puerto Madero, hay 1,8 kilómetro. Caminando, una persona puede llegar de un lugar al otro en 22 minutos. Sin embargo, en la tarde de este jueves, esos 1.800 metros fueron un abismo.

En esas dos locaciones físicamente tan cercanas pero simbólicamente tan distantes, cavaron sus trincheras la CGT y el Gobierno.

En el cuartel general de la central obrera -en ese edificio que le donó Perón justo en la mitad del siglo XX-, custodiados por los murales que tributan al realismo socialista mexicano de los obreristas Siqueiros, Orozco y Rivera, reunidos en el salón que lleva el nombre de un dirigente metalúrgico desaparecido en tiempos de la resistencia peronista, los gordos, negros y feos; los que se comen las eses, reparten choripanes y fletan micros para arrear pobres a sus movilizaciones extorsivas.

En el Hotel Hilton Buenos Aires, imponente en su opulencia capitalista, aséptico en su estilo tan Manhattan, tan MOMA de Nueva York, tras los cristales espejados, la elegancia liberal de los CEOs PRO en reunión de primus interpares con los enviados del poder económico global.

En el medio, la grieta de la Argentina, que no es nueva ni kirchnerista –que no fue descubierta por Jorge Lanata-, sino tan vieja como la Argentina misma: antes incluso de la Revolución de Mayo, ya había decentes y chusma en la Buenos Aires colonial.

De un lado al otro, acortando los 1.800 metros de grieta por las pistas electrónicas de la comunicación 2.0, el fuego cruzado:

- Desde Puerto Madero, el presidente Mauricio Macri abrió la contienda con una ironía presuntamente sutil: “Qué bueno que hoy estemos acá trabajando”.

- Desde San Telmo, el secretario general Héctor Daer le contestó: "Nosotros todavía estamos tristes porque hay millones y millones de compatriotas nuestros que no tienen trabajo".

- Desde Puerto Madero, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, interpretó: "La inmensa mayoría de los argentinos rechaza cualquier método violento, extorsivo, que quiera imponer la voluntad de unos pocos sobre el conjunto".

- Desde San Telmo, Daer replicó: “La de hoy fue una jornada democrática, basada en los preceptos de nuestra Constitución Nacional”. Aclaró que "las interrupciones de tráfico no las compartimos y no las convocamos", pero advirtió: "Tampoco el uso de la violencia y la represión es necesario para desalojar una ruta".

Fue, la del Bajo porteño, una batalla por la Verdad. La de San Telmo versus la de Puerto Madero. La de los negros choripaneros versus la de los CEOs elegantes. La del modelo de ajuste que castiga a las clases trabajadoras, paraliza el consumo y cierra fábricas versus la del entusiasmo del mundo y el deseo irrefrenable de cambio.

En el medio, caída en el fondo de la grieta, la promesa del Presidente de unir a los argentinos.