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Tras poner a un hombre de Techint al frente de la Unión Industrial Bonaerense, Nación busca que el candidato único que rompa la alternancia en UIA sea propio. En las medianas operan contra Cornide.
Por 15/03/2017 06:41 PM

Cambiemos no ha logrado quebrar una lógica histórica de los gobiernos nacionales. Todos se han planteado, más tarde o más temprano, influir políticamente sobre los sindicatos y las entidades empresarias. Con mayor o menor rigor, llevaron a cabo una tarea que hoy vuelve a ponerse en marcha justo cuando el Gobierno Nacional está en una encrucijada en la relación con los trabajadores y los hombres de negocios. Los empresarios lo saben, y hasta lo aceptan como una parte de las reglas de juego. Algo propio de la puja en la relación con la política.

Ayer, en un hotel remozado ubicado en la esquina de Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo se reunieron a almorzar un grupo de empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA), los de la lista de Industriales. En otro lugar de la Ciudad, la sede de la Cámara de Laboratorios CILFA, degustaron menú los del grupo restante, la Celeste y Blanca. Fue previo a la primera gran reunión de la central fabril en 2017, un año en el que se dirimirá quién ocupará el cargo de nuevo presidente de la entidad. Discutieron bastante, pero tras varios cruces quedaron flotando tres ideas rectoras: la primera, que no habrá más acuerdo de alternancia entre listas, ergo, el nuevo titular será un cuadro de consenso. La segunda, que por razones políticas la “elección” se hará recién después de las Legislativas de octubre. Y la tercera, que el próximo presidente de UIA será un mano a mano entre el titular de la Cámara Alimenticia Copal, Daniel Funes de Rioja, y su par en Aceitera General Deheza (AGD), Miguel Acevedo. El gobierno nacional no es ajeno a la disputa. Vía Techint, ve con buenos ojos la designación de Funes, de los dos el más cuestionado por el empresariado.

Para los operadores del presidente Mauricio Macri, Funes garantiza una interlocución más fluida en relación a los intereses de Cambiemos en materia laboral y económica. Fue el abogado de las grandes alimenticias como Arcor quien articuló el proyecto de Ley de Riesgos de Trabajo con el ministro del área, Jorge Triacca. Y es quien mantiene la tensa calma con Producción en el marco del conflicto por las importaciones. Además, por venir de un sector que maneja precios básicos, tiene una obsesión por el libre mercado y la competencia abierta en materia de consumo. Una postura que comparte con Nación.

Techint, la firma de Paolo Rocca, es el mejor aliado del Ejecutivo en el escenario empresario. El año pasado, juntos, colocaron de presidente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA) a Mario Gualtieri, un hombre cuya pyme integra la cadena proveedora de chapara de la siderúrgica. Ahí talló fuerte, por la provincia, el jefe de gabinete bonaerense, Federico Salvai, quien fue clave en la designación del empresario de Avellaneda. Hoy, en Nación, Techint y el Gobierno apuestan a Funes, pero Acevedo tampoco es una carta despreciable. Lo más relevante en este cuadro fue la intentona de correr de la lista final a dos o tres dirigentes que ambos actores consideran “ingobernables”. Uno de ellos es el titular de la Federación Gráfica (Faiga), Juan Carlos Sacco; y el otro el legislador por el massismo, José Ignacio De Mendiguren. Pero lo más importante fue lo de Sacco. Tanto que la operación “corrimiento” del gráfico viene desde el verano y parece de película de espías. Tuvieron que subirse a su barco para convencerlo de que ayude a desplazarlo. Luis Betnaza, mano derecha de Rocca en la UIA; directores de la azucarera Ledesma y Funes de Rioja se tostaban al sol del mar de Punta del Este para pedirle al dueño de la embarcación, Héctor Méndez, que convenciera a Sacco de no estar en la lista.

En plena crisis de la industria navegaron hasta Isla Gorriti, en el mar esteño, y cerraron el acuerdo. Convenio que naufragó esta semana en Buenos Aires. Pocos empresarios de las dos listas (Industriales y Celeste y Blanca) dieron el 100% de apoyo a  Funes, y mucho menos soportaron la operación contra Sacco. Méndez, el empresario plástico, quedó muy golpeado y recibió fuertes críticas. Sobre todo porque llamó la atención un tema personal: mientras Méndez estuvo internado con problemas de salud, fue el propio Sacco el que estuvo con él en la clínica. Hoy mantienen cortocircuitos insalvables.

Tan espeso se puso el clima que el propio Miguel Acevedo, de AGD, declaró y sorprendió: “Me llama mucha gente para que sea presidente de UIA, pero como me vino a ver Funes y le di mi palabra de apoyar su candidatura, yo no puedo ser”, disparó. Ante más de 30 colegas no voló una mosca. Nadie podía creer la exhibición pública de un detalle privado.

Hoy, a Funes se le cuestiona su rol de abogado laboralista que, según dijeron, “se ha dedicado en el último tiempo a cerrar empresas”. Al jefe de Copal lo asimilan a Jaime Campos, el relacionista que está al frente de la Asociación Empresaria Argentina (UIA). En ambos casos, más comunicadores que industriales del día a día.

La cooptación de Nación en cámaras empresarias no termina en UIA. Desde finales del año pasado empezaron a observar con malos ojos la posición de Osvaldo Cornide, jefe histórico de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Aseguran que Macri no lo quiere más al frente de la entidad. En las últimas horas, molestó sobremanera las fotos que se tomó con referentes de la CGT, justo a las puertas del paro nacional que aún no tiene fecha. “Están buscando segundas líneas de la misma CAME para reemplazarlo”, contaron a Letra P interlocutores de la operación.

El resto de las entidades están alineadas con los intereses oficiales. Tanto AEA como el Cicyp han adquirido una postura netamente oficialista, sin críticas al Gobierno. Al igual que el Foro de Convergencia Empresaria, que agrupa a empresas de servicios. En los años del kirchnerismo, sobre todo a Cristina Kirchner, le fue imposible alinearlas a todas. Consiguió la mitad del apoyo de UIA, nada de la AEA y casi todo en CAME. En el universo del macrismo, ya hay varias ordenadas, pero restan las fábricas, que hoy atraviesan una crisis que golpea duro en la actividad y el empleo.

UIA y CAME en la mira: lobby del Gobierno para influir en centrales empresarias

Tras poner a un hombre de Techint al frente de la Unión Industrial Bonaerense, Nación busca que el candidato único que rompa la alternancia en UIA sea propio. En las medianas operan contra Cornide.

Cambiemos no ha logrado quebrar una lógica histórica de los gobiernos nacionales. Todos se han planteado, más tarde o más temprano, influir políticamente sobre los sindicatos y las entidades empresarias. Con mayor o menor rigor, llevaron a cabo una tarea que hoy vuelve a ponerse en marcha justo cuando el Gobierno Nacional está en una encrucijada en la relación con los trabajadores y los hombres de negocios. Los empresarios lo saben, y hasta lo aceptan como una parte de las reglas de juego. Algo propio de la puja en la relación con la política.

Ayer, en un hotel remozado ubicado en la esquina de Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo se reunieron a almorzar un grupo de empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA), los de la lista de Industriales. En otro lugar de la Ciudad, la sede de la Cámara de Laboratorios CILFA, degustaron menú los del grupo restante, la Celeste y Blanca. Fue previo a la primera gran reunión de la central fabril en 2017, un año en el que se dirimirá quién ocupará el cargo de nuevo presidente de la entidad. Discutieron bastante, pero tras varios cruces quedaron flotando tres ideas rectoras: la primera, que no habrá más acuerdo de alternancia entre listas, ergo, el nuevo titular será un cuadro de consenso. La segunda, que por razones políticas la “elección” se hará recién después de las Legislativas de octubre. Y la tercera, que el próximo presidente de UIA será un mano a mano entre el titular de la Cámara Alimenticia Copal, Daniel Funes de Rioja, y su par en Aceitera General Deheza (AGD), Miguel Acevedo. El gobierno nacional no es ajeno a la disputa. Vía Techint, ve con buenos ojos la designación de Funes, de los dos el más cuestionado por el empresariado.

Para los operadores del presidente Mauricio Macri, Funes garantiza una interlocución más fluida en relación a los intereses de Cambiemos en materia laboral y económica. Fue el abogado de las grandes alimenticias como Arcor quien articuló el proyecto de Ley de Riesgos de Trabajo con el ministro del área, Jorge Triacca. Y es quien mantiene la tensa calma con Producción en el marco del conflicto por las importaciones. Además, por venir de un sector que maneja precios básicos, tiene una obsesión por el libre mercado y la competencia abierta en materia de consumo. Una postura que comparte con Nación.

Techint, la firma de Paolo Rocca, es el mejor aliado del Ejecutivo en el escenario empresario. El año pasado, juntos, colocaron de presidente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA) a Mario Gualtieri, un hombre cuya pyme integra la cadena proveedora de chapara de la siderúrgica. Ahí talló fuerte, por la provincia, el jefe de gabinete bonaerense, Federico Salvai, quien fue clave en la designación del empresario de Avellaneda. Hoy, en Nación, Techint y el Gobierno apuestan a Funes, pero Acevedo tampoco es una carta despreciable. Lo más relevante en este cuadro fue la intentona de correr de la lista final a dos o tres dirigentes que ambos actores consideran “ingobernables”. Uno de ellos es el titular de la Federación Gráfica (Faiga), Juan Carlos Sacco; y el otro el legislador por el massismo, José Ignacio De Mendiguren. Pero lo más importante fue lo de Sacco. Tanto que la operación “corrimiento” del gráfico viene desde el verano y parece de película de espías. Tuvieron que subirse a su barco para convencerlo de que ayude a desplazarlo. Luis Betnaza, mano derecha de Rocca en la UIA; directores de la azucarera Ledesma y Funes de Rioja se tostaban al sol del mar de Punta del Este para pedirle al dueño de la embarcación, Héctor Méndez, que convenciera a Sacco de no estar en la lista.

En plena crisis de la industria navegaron hasta Isla Gorriti, en el mar esteño, y cerraron el acuerdo. Convenio que naufragó esta semana en Buenos Aires. Pocos empresarios de las dos listas (Industriales y Celeste y Blanca) dieron el 100% de apoyo a  Funes, y mucho menos soportaron la operación contra Sacco. Méndez, el empresario plástico, quedó muy golpeado y recibió fuertes críticas. Sobre todo porque llamó la atención un tema personal: mientras Méndez estuvo internado con problemas de salud, fue el propio Sacco el que estuvo con él en la clínica. Hoy mantienen cortocircuitos insalvables.

Tan espeso se puso el clima que el propio Miguel Acevedo, de AGD, declaró y sorprendió: “Me llama mucha gente para que sea presidente de UIA, pero como me vino a ver Funes y le di mi palabra de apoyar su candidatura, yo no puedo ser”, disparó. Ante más de 30 colegas no voló una mosca. Nadie podía creer la exhibición pública de un detalle privado.

Hoy, a Funes se le cuestiona su rol de abogado laboralista que, según dijeron, “se ha dedicado en el último tiempo a cerrar empresas”. Al jefe de Copal lo asimilan a Jaime Campos, el relacionista que está al frente de la Asociación Empresaria Argentina (UIA). En ambos casos, más comunicadores que industriales del día a día.

La cooptación de Nación en cámaras empresarias no termina en UIA. Desde finales del año pasado empezaron a observar con malos ojos la posición de Osvaldo Cornide, jefe histórico de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Aseguran que Macri no lo quiere más al frente de la entidad. En las últimas horas, molestó sobremanera las fotos que se tomó con referentes de la CGT, justo a las puertas del paro nacional que aún no tiene fecha. “Están buscando segundas líneas de la misma CAME para reemplazarlo”, contaron a Letra P interlocutores de la operación.

El resto de las entidades están alineadas con los intereses oficiales. Tanto AEA como el Cicyp han adquirido una postura netamente oficialista, sin críticas al Gobierno. Al igual que el Foro de Convergencia Empresaria, que agrupa a empresas de servicios. En los años del kirchnerismo, sobre todo a Cristina Kirchner, le fue imposible alinearlas a todas. Consiguió la mitad del apoyo de UIA, nada de la AEA y casi todo en CAME. En el universo del macrismo, ya hay varias ordenadas, pero restan las fábricas, que hoy atraviesan una crisis que golpea duro en la actividad y el empleo.