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Vidal puede quemarse

Puso “las manos en el fuego por Mauricio”. Pero ya no es Dios el que baja el martillo, como en la Edad Media. Y la Justicia terrenal cuestiona en duros términos la condonación de la deuda del Correo.

Vidal puede quemarse

13/02/2017 04:25 PM

 

En la Edad Media, cuando gobernaba el Creador a través de sus elegidos en la Tierra, una institución jurídica consagraba en Europa la Ordalía o Juicio de Dios, que, en palabras del historiador español Francisco Tomás y Valiente, consistía en "invocar e interpretar el juicio de la divinidad a través de mecanismos ritualizados y sensibles, de cuyo resultado se infería la inocencia o la culpabilidad del acusado". La cosa era así: a los sospechosos de violar las leyes se les hacía sostener un hierro al rojo vivo o directamente se los conminaba a meter sus manos en la hoguera. Si no salían muy dañados de esa experiencia, debía interpretarse que Dios los encontraba inocentes. Obvio: Él no perdonaba mucho en aquel tiempo.

De ahí viene la frase que todos los políticos con algo de rodaje evitan decir para no colgarse espadas de Damocles sobre sus cabezas, pero que no dudó en pronunciar la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, el domingo a la noche en la tele. “Pongo las manos en el fuego por Mauricio”, dijo. Y se jugó hasta la ropa por su mentor político, el presidente Macri, otra vez –él, que venía a purificar la Patria- envuelto en una investigación judicial de una posible maniobra de corrupción por la condonación de la deuda multimillonaria que mantiene el Correo Argentino, del grupo familiar SOCMA, con el Estado nacional.

La mandataria bonaerense podría haber elegido caminos más acolchados. A saber:

OPCIÓN A: “Estamos reconstruyendo la República y no hay República sin Justicia independiente. Dejemos que actúe sin condicionamientos.”

OPCIÓN B: “Los argentinos no nos votaron para que nos defendamos entre nosotros. Votaron un cambio. Por eso, en Cambiemos no ponemos las manos en el fuego por nadie, ni siquiera por el Presidente, que debe dar cuenta de sus acciones como todos nosotros. Dejemos que actúe la Justicia.”

Las dos eran muy PRO –muy alineadas al relato del cambio. Pero no. Vidal jugó a fondo. Puso las manos en el fuego por Mauricio y ahora ella, la mujer “angelada” –piropo marca Eduardo Duhalde- en la que confía el oficialismo para subir la cuesta empinada de las elecciones de medio término, corre riesgo de quemarse.

¿Por qué?

Primero, resulta sugerente que el Presidente no haya puesto las manos en el fuego por sí mismo. Hasta ahora, había enfrentado las cámaras para refutar las denuncias en su contra. Lo hizo cuando los Panamá Papers y lo hizo para defender al jefe de los espías, Gustavo Arribas –tan cercano al primer mandatario es el representante de futbolistas embadurnado por la mermelada del mega escándalo brasileño Lava Jato que Macri llegó a sentir el silbido de las balas. En cambio, ni mu ha dicho hasta el momento sobre el culebrón del Correo.

Segundo, por la firmeza de la fiscal de cámara Gabriel Boquín en sus argumentos para acusar al Gobierno de haber armado una ingeniería “abusiva” a la medida de la familia presidencial: un acuerdo que supone “una quita –a la deuda que mantiene el Correo con el Estado nacional- de más de 4 mil millones de pesos en la actualidad y de más de 70 mil millones a 2033”, cuando los deudores –papá Macri- terminarían de cancelar las 15 cuotas que se ofrecen a pagar a partir de 2018.

Como si no alcanzara con eso –como si no alcanzara con el batifondo que armó la divulgación de esa cuenta, que encima salió en La Nación, con lo que, en este entuerto, la Casa Rosada tiene un aliado menos-, el viernes último, la fiscal Boquín echó más leña al fuego: reveló que, mientras negociaba para que le perdonaran 70.000 millones de deuda y ofrecía pagar el resto financiado al 7 por ciento, la familia Macri demandó al Estado nacional –es el mismo que administra Mauricio, que es Macri, desde el 10 de diciembre de 2015- por los “daños y perjuicios” por “la falta de pago de inversiones realizadas por la concursada”. Y lo mejor: le reclama un interés del 11 por ciento. Por eso, la fiscal entiende que la propuesta homologada por el Gobierno es “más abusiva aun”.

Pero hay más todavía: según señala la fiscal Boquín en el escrito anexado el viernes pasado, la firma Correo Argentino S.A. "adoptó una conducta contraria a la buena fe procesal” porque no comunicó “ni al tribunal ni a los funcionarios intervinientes el inicio de esta acción que importa un crédito en expectativa mientras se encontraba negociando" con el propio Estado al que demandaba. O sea: lo hizo, como se diría en el barrio, de canuto, de cayetano, de querusa. Podría decirse, aprovechando la jerga de la esquina, que la familia Macri, con uno de los Macri al mando del Gobierno, le pegó al Estado argentino de arrebato y de atrás.

Por todo ello, sorprendió este domingo Vidal poniendo sus manos en el fuego y, en el mismo movimiento, dejando una bomba haciendo tic tac en el archivo de todos los medios del país. El tiempo –y la Justicia de los hombres y las mujeres, no la Providencia que suele invocar el abogado preferido de la gobernadora- dirá si se quema o, como hasta el momento, se mantiene ignífuga.

Vidal puede quemarse

Puso “las manos en el fuego por Mauricio”. Pero ya no es Dios el que baja el martillo, como en la Edad Media. Y la Justicia terrenal cuestiona en duros términos la condonación de la deuda del Correo.

 

En la Edad Media, cuando gobernaba el Creador a través de sus elegidos en la Tierra, una institución jurídica consagraba en Europa la Ordalía o Juicio de Dios, que, en palabras del historiador español Francisco Tomás y Valiente, consistía en "invocar e interpretar el juicio de la divinidad a través de mecanismos ritualizados y sensibles, de cuyo resultado se infería la inocencia o la culpabilidad del acusado". La cosa era así: a los sospechosos de violar las leyes se les hacía sostener un hierro al rojo vivo o directamente se los conminaba a meter sus manos en la hoguera. Si no salían muy dañados de esa experiencia, debía interpretarse que Dios los encontraba inocentes. Obvio: Él no perdonaba mucho en aquel tiempo.

De ahí viene la frase que todos los políticos con algo de rodaje evitan decir para no colgarse espadas de Damocles sobre sus cabezas, pero que no dudó en pronunciar la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, el domingo a la noche en la tele. “Pongo las manos en el fuego por Mauricio”, dijo. Y se jugó hasta la ropa por su mentor político, el presidente Macri, otra vez –él, que venía a purificar la Patria- envuelto en una investigación judicial de una posible maniobra de corrupción por la condonación de la deuda multimillonaria que mantiene el Correo Argentino, del grupo familiar SOCMA, con el Estado nacional.

La mandataria bonaerense podría haber elegido caminos más acolchados. A saber:

OPCIÓN A: “Estamos reconstruyendo la República y no hay República sin Justicia independiente. Dejemos que actúe sin condicionamientos.”

OPCIÓN B: “Los argentinos no nos votaron para que nos defendamos entre nosotros. Votaron un cambio. Por eso, en Cambiemos no ponemos las manos en el fuego por nadie, ni siquiera por el Presidente, que debe dar cuenta de sus acciones como todos nosotros. Dejemos que actúe la Justicia.”

Las dos eran muy PRO –muy alineadas al relato del cambio. Pero no. Vidal jugó a fondo. Puso las manos en el fuego por Mauricio y ahora ella, la mujer “angelada” –piropo marca Eduardo Duhalde- en la que confía el oficialismo para subir la cuesta empinada de las elecciones de medio término, corre riesgo de quemarse.

¿Por qué?

Primero, resulta sugerente que el Presidente no haya puesto las manos en el fuego por sí mismo. Hasta ahora, había enfrentado las cámaras para refutar las denuncias en su contra. Lo hizo cuando los Panamá Papers y lo hizo para defender al jefe de los espías, Gustavo Arribas –tan cercano al primer mandatario es el representante de futbolistas embadurnado por la mermelada del mega escándalo brasileño Lava Jato que Macri llegó a sentir el silbido de las balas. En cambio, ni mu ha dicho hasta el momento sobre el culebrón del Correo.

Segundo, por la firmeza de la fiscal de cámara Gabriel Boquín en sus argumentos para acusar al Gobierno de haber armado una ingeniería “abusiva” a la medida de la familia presidencial: un acuerdo que supone “una quita –a la deuda que mantiene el Correo con el Estado nacional- de más de 4 mil millones de pesos en la actualidad y de más de 70 mil millones a 2033”, cuando los deudores –papá Macri- terminarían de cancelar las 15 cuotas que se ofrecen a pagar a partir de 2018.

Como si no alcanzara con eso –como si no alcanzara con el batifondo que armó la divulgación de esa cuenta, que encima salió en La Nación, con lo que, en este entuerto, la Casa Rosada tiene un aliado menos-, el viernes último, la fiscal Boquín echó más leña al fuego: reveló que, mientras negociaba para que le perdonaran 70.000 millones de deuda y ofrecía pagar el resto financiado al 7 por ciento, la familia Macri demandó al Estado nacional –es el mismo que administra Mauricio, que es Macri, desde el 10 de diciembre de 2015- por los “daños y perjuicios” por “la falta de pago de inversiones realizadas por la concursada”. Y lo mejor: le reclama un interés del 11 por ciento. Por eso, la fiscal entiende que la propuesta homologada por el Gobierno es “más abusiva aun”.

Pero hay más todavía: según señala la fiscal Boquín en el escrito anexado el viernes pasado, la firma Correo Argentino S.A. "adoptó una conducta contraria a la buena fe procesal” porque no comunicó “ni al tribunal ni a los funcionarios intervinientes el inicio de esta acción que importa un crédito en expectativa mientras se encontraba negociando" con el propio Estado al que demandaba. O sea: lo hizo, como se diría en el barrio, de canuto, de cayetano, de querusa. Podría decirse, aprovechando la jerga de la esquina, que la familia Macri, con uno de los Macri al mando del Gobierno, le pegó al Estado argentino de arrebato y de atrás.

Por todo ello, sorprendió este domingo Vidal poniendo sus manos en el fuego y, en el mismo movimiento, dejando una bomba haciendo tic tac en el archivo de todos los medios del país. El tiempo –y la Justicia de los hombres y las mujeres, no la Providencia que suele invocar el abogado preferido de la gobernadora- dirá si se quema o, como hasta el momento, se mantiene ignífuga.