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El último acto del mago Bonadio

Apeló a la eterna resurrección de Nisman para su número final antes de jubilarse: borrar a Cristina. El ex Guarda de Hierro que creció al calor del menemismo y terminó en una servilleta.
Por 07/12/2017 04:07 PM

Se puede presumir que se trata de uno de sus últimos actos de servicio. Con menos de 62 años, acaba de pedir su jubilación. Claudio Bonadio ordenó un festival de detenciones con la letra de Alberto Nisman, el fiscal que en vida lo había denunciado por amenazas de muerte. Y lo hizo con una precisión quirúrgica. Un día después de que su amigo Miguel Ángel Pichetto creara un bloque aparte del PJ en el Senado sin Cristina Kirchner y en la víspera de un feriado que terminará cuando la ex presidenta se calce formalmente los fueros que el magistrado ya quiere quitarle.

El procesamiento con prisión preventiva de la ex presidenta, el ex canciller Héctor Timerman y el ex secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini vino acompañado de la detención de Luis D’Elía y una serie de personajes menores que -según el fiscal que apareció muerto hace casi tres años- encarnaban una “diplomacia paralela” con Irán.

 

 

Si bien Bonadio se caracteriza por procesar ex funcionarios por decisiones que antes no se juzgaban en tribunales, como lo muestra la causa del dólar futuro o el acuerdo con Irán, no deja de ser sintomático que actué en una causa ligada al atentado a la AMIA. Justo él, que fue apartado de la investigación del ataque a la mutual judía por falta de imparcialidad y protección a -su ex jefe- Carlos Corach, Hugo Anzorreguy, Rubén Beraja, el ex juez Juan José Galeano y los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, entre otros.

El memorándum que se firmó en Etiopía en 2013 marcó un quiebre después de 20 años de alineamiento -menemista primero y kirchnerista después- sin fisuras de Argentina con Estados Unidos e Israel en torno al ataque terrorista que causó 85 muertos. Quizás se haya dado en sintonía con un giro de la diplomacia norteamericana que iniciaba por entonces también Barack Obama y, de hecho, fue incluso rechazado por figuras como el ex canciller Jorge Taiana, después candidato a senador de Unidad Ciudadana.

Sin embargo, mandar a la cárcel a todos los que lo firmaron o alentaron, cuando fue ratificado por el Congreso y ni siquiera llegó a cumplirse, cuando el juicio por el encubrimiento original y verdadero se está desarrollando, sólo es posible en el marco de la revancha de Comodoro Py contra el kirchnerismo y de los vínculos cada vez más intensos del gobierno de Cambiemos con Israel. 

 

Cristina Kirchner declaró ante Bonadio en Comodoro Py.

TODO PASA, TODO VUELVE. Autodefinido como “peronista desde los quince años”, orgulloso de su origen militante en Guardia de Hierro, Bonadio acredita una larga trayectoria al servicio del poder de turno. Vendió seguros, fue profesor del CBC, trabajó en una empresa química, se inició en la función pública como asesor del Concejo Deliberante y acompañó después a Corach como su segundo en la secretaría de Legal y Técnica. Fue nombrado juez federal de Morón por el menemismo y convertido después por decreto en uno de los magistrados de la servilleta en Comodoro Py, con apenas seis años de ejercicio como abogado. La vacante del juez que nació en San Martín se abrió gracias a otra innovación del gobierno de Carlos Menem, que amplió a 12 los juzgados federales criminales. 

A poco de desembarcar en su sillón, talló sobre su escritorio un letrero de metal dorado con una consigna que huele más a venganza que a justicia: “Todo pasa, todo vuelve”. Según cuentan los periodistas Pablo Abiad y Mariano Thieberger en el libro “Justicia era Kirchner”, en la Cámara Federal bromeaban ya hace diez años con que existía un Código Procesal y un Código Bonadio, “porque hay reglas que aplica en sus expedientes y que sólo él conoce”.

El magistrado que se ganó el mote de “pistolero” por parte de Cristina Kirchner guarda su infaltable Glock en la guantera de su camioneta. Con esa, no sólo disparó y mató a dos ladrones en 2001. Además solía ir a practicar tiro con Rodolfo Galimberti, el ex juez Gabriel Cavallo y el ex canciller Rafael Bielsa.

En más de dos décadas se convirtió en el juez más denunciado después de Norberto Oyarbide. Acumuló  51 causas en su contra en el Consejo de la Magistratura, de las cuáles hoy quedan ocho vigentes y por dos recibió sanciones disciplinarias, según se informa en el sitio Chequeado. Durante los años del kirchnerismo en el poder tuvo una relación ambigua que incluyó el sobreseimiento de los dos ex secretarios del matrimonio Kirchner, Isidro Bounine y Daniel Álvarez, en causas por enriquecimiento ilícito y los expedientes judiciales contra Guillermo Moreno por "hostigamiento contra el Grupo Clarín".

Sin embargo, Bonadio le debe la sobrevida a Pichetto, que en 2005 logró evitar que prospere el juicio político en su contra en el Consejo de la Magistratura con un dictamen de 115 páginas que presentó en la comisión de Disciplina.

El magistrado había sido denunciado por el entonces titular de la Unidad Especial AMIA del Ministerio de Justicia, Alejandro Rúa, y por la Cámara Federal, por su actuación en la causa en la que debía determinar cómo se desvió la investigación sobre el atentado. Lo acusaban de dormir el expediente entre 2000 y 2005 y obstaculizar el acceso a la causa de la Unidad AMIA y la Oficina Anticorrupción. Paradojas del destino, Rúa que fue echado durante los primeros años kirchneristas por gestiones del menemista reciclado Alberto Iribarne, entonces ministro de Justicia. Y es hoy abogado de Memoria Activa y de Cristina Kirchner, en la causa en la que Bonadio acaba de pedir su desafuero.

 

 

DE PICHETTO A CAMBIEMOS. Con el antecedente común del menemismo y la ayuda en el Consejo de la Magistratura en 2005, la relación entre Pichetto y Bonadio es fluida y de confianza. La última vez que se los vio juntos en público fue cuatro días después de las PASO, cuando el jefe del bloque del PJ en el Senado habló junto a Federico Pinedo ante la Fundación de Estudios Políticos, Económicos y Sociales para una Nueva Argentina (FEPESNA), que tiene al juez como miembro honorario. Ese día, cuando Pichetto atribuyó la derrota del peronismo a que “la señora dividió el Ejercito”, Bonadio asentía sentado entre el público presente.

Bonadío no necesitó leer el anticipo que Pichetto le hizo a Jorge Fontevecchia a fines de octubre, cuando rechazó el desafuero para el caso de Cristina Kirchner. “El Senado tiene una línea de definición, que está reflejada muy claramente en el fallo de la Cámara Federal que resolvió la procedencia de la candidatura de Carlos Menem, que sostiene el principio de presunción de inocencia y el concepto de sentencia firme de naturaleza de cosa juzgada. Con lo cual, no veo que la voluntad popular pueda ser vulnerada por un mecanismo de desafuero en una instancia del proceso judicial”. Si la definición de Pichetto se mantiene y Cambiemos no la contradice, entonces Bonadio habrá actuado una vez más para golpear a la ex presidenta con la política y a su entorno con la cárcel, con un pedido que ya sabe será denegado. 

El Gobierno nacional afirma que no está detrás de las decisiones de Bonadio y parece incluso considerar que no hay motivos para el desafuero de Cristina. Así lo dijeron en los últimos meses desde Marcos Peña y German Garavano y lo sugirió también el propio Pinedo.

Sin embargo, los resultados son claros. El fallo llega justo para Macri, después de tres semanas sin salir de la posición defensiva en la que quedó por el desastre del ARA San Juan y sus 44 tripulantes. El Presidente podrá pasar el fin de semana largo tranquilo, mientras la prensa se entretiene con la eterna resurrección de Nisman.

Hay algo más, tal vez de fondo, que produce el fallo. El mensaje de alineamiento incondicional con Israel que la Argentina de Cambiemos envía hacia el mundo occidental. Una manera de agradecimiento a la primera visita de un premier de ese país en la historia argentina, la de Benjamin Netanyahu en setiembre pasado, cuando volvió a responsabilizar a Irán por los atentados en la década del noventa y llamó al presidente Macri “mi amigo”. No es sólo una simbiosis con relación a la historia reciente: también se nutre de un acuerdo filosófico en materia de seguridad y de negocios en común.

El último acto del mago Bonadio

Apeló a la eterna resurrección de Nisman para su número final antes de jubilarse: borrar a Cristina. El ex Guarda de Hierro que creció al calor del menemismo y terminó en una servilleta.

Se puede presumir que se trata de uno de sus últimos actos de servicio. Con menos de 62 años, acaba de pedir su jubilación. Claudio Bonadio ordenó un festival de detenciones con la letra de Alberto Nisman, el fiscal que en vida lo había denunciado por amenazas de muerte. Y lo hizo con una precisión quirúrgica. Un día después de que su amigo Miguel Ángel Pichetto creara un bloque aparte del PJ en el Senado sin Cristina Kirchner y en la víspera de un feriado que terminará cuando la ex presidenta se calce formalmente los fueros que el magistrado ya quiere quitarle.

El procesamiento con prisión preventiva de la ex presidenta, el ex canciller Héctor Timerman y el ex secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini vino acompañado de la detención de Luis D’Elía y una serie de personajes menores que -según el fiscal que apareció muerto hace casi tres años- encarnaban una “diplomacia paralela” con Irán.

 

 

Si bien Bonadio se caracteriza por procesar ex funcionarios por decisiones que antes no se juzgaban en tribunales, como lo muestra la causa del dólar futuro o el acuerdo con Irán, no deja de ser sintomático que actué en una causa ligada al atentado a la AMIA. Justo él, que fue apartado de la investigación del ataque a la mutual judía por falta de imparcialidad y protección a -su ex jefe- Carlos Corach, Hugo Anzorreguy, Rubén Beraja, el ex juez Juan José Galeano y los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, entre otros.

El memorándum que se firmó en Etiopía en 2013 marcó un quiebre después de 20 años de alineamiento -menemista primero y kirchnerista después- sin fisuras de Argentina con Estados Unidos e Israel en torno al ataque terrorista que causó 85 muertos. Quizás se haya dado en sintonía con un giro de la diplomacia norteamericana que iniciaba por entonces también Barack Obama y, de hecho, fue incluso rechazado por figuras como el ex canciller Jorge Taiana, después candidato a senador de Unidad Ciudadana.

Sin embargo, mandar a la cárcel a todos los que lo firmaron o alentaron, cuando fue ratificado por el Congreso y ni siquiera llegó a cumplirse, cuando el juicio por el encubrimiento original y verdadero se está desarrollando, sólo es posible en el marco de la revancha de Comodoro Py contra el kirchnerismo y de los vínculos cada vez más intensos del gobierno de Cambiemos con Israel. 

 

Cristina Kirchner declaró ante Bonadio en Comodoro Py.

TODO PASA, TODO VUELVE. Autodefinido como “peronista desde los quince años”, orgulloso de su origen militante en Guardia de Hierro, Bonadio acredita una larga trayectoria al servicio del poder de turno. Vendió seguros, fue profesor del CBC, trabajó en una empresa química, se inició en la función pública como asesor del Concejo Deliberante y acompañó después a Corach como su segundo en la secretaría de Legal y Técnica. Fue nombrado juez federal de Morón por el menemismo y convertido después por decreto en uno de los magistrados de la servilleta en Comodoro Py, con apenas seis años de ejercicio como abogado. La vacante del juez que nació en San Martín se abrió gracias a otra innovación del gobierno de Carlos Menem, que amplió a 12 los juzgados federales criminales. 

A poco de desembarcar en su sillón, talló sobre su escritorio un letrero de metal dorado con una consigna que huele más a venganza que a justicia: “Todo pasa, todo vuelve”. Según cuentan los periodistas Pablo Abiad y Mariano Thieberger en el libro “Justicia era Kirchner”, en la Cámara Federal bromeaban ya hace diez años con que existía un Código Procesal y un Código Bonadio, “porque hay reglas que aplica en sus expedientes y que sólo él conoce”.

El magistrado que se ganó el mote de “pistolero” por parte de Cristina Kirchner guarda su infaltable Glock en la guantera de su camioneta. Con esa, no sólo disparó y mató a dos ladrones en 2001. Además solía ir a practicar tiro con Rodolfo Galimberti, el ex juez Gabriel Cavallo y el ex canciller Rafael Bielsa.

En más de dos décadas se convirtió en el juez más denunciado después de Norberto Oyarbide. Acumuló  51 causas en su contra en el Consejo de la Magistratura, de las cuáles hoy quedan ocho vigentes y por dos recibió sanciones disciplinarias, según se informa en el sitio Chequeado. Durante los años del kirchnerismo en el poder tuvo una relación ambigua que incluyó el sobreseimiento de los dos ex secretarios del matrimonio Kirchner, Isidro Bounine y Daniel Álvarez, en causas por enriquecimiento ilícito y los expedientes judiciales contra Guillermo Moreno por "hostigamiento contra el Grupo Clarín".

Sin embargo, Bonadio le debe la sobrevida a Pichetto, que en 2005 logró evitar que prospere el juicio político en su contra en el Consejo de la Magistratura con un dictamen de 115 páginas que presentó en la comisión de Disciplina.

El magistrado había sido denunciado por el entonces titular de la Unidad Especial AMIA del Ministerio de Justicia, Alejandro Rúa, y por la Cámara Federal, por su actuación en la causa en la que debía determinar cómo se desvió la investigación sobre el atentado. Lo acusaban de dormir el expediente entre 2000 y 2005 y obstaculizar el acceso a la causa de la Unidad AMIA y la Oficina Anticorrupción. Paradojas del destino, Rúa que fue echado durante los primeros años kirchneristas por gestiones del menemista reciclado Alberto Iribarne, entonces ministro de Justicia. Y es hoy abogado de Memoria Activa y de Cristina Kirchner, en la causa en la que Bonadio acaba de pedir su desafuero.

 

 

DE PICHETTO A CAMBIEMOS. Con el antecedente común del menemismo y la ayuda en el Consejo de la Magistratura en 2005, la relación entre Pichetto y Bonadio es fluida y de confianza. La última vez que se los vio juntos en público fue cuatro días después de las PASO, cuando el jefe del bloque del PJ en el Senado habló junto a Federico Pinedo ante la Fundación de Estudios Políticos, Económicos y Sociales para una Nueva Argentina (FEPESNA), que tiene al juez como miembro honorario. Ese día, cuando Pichetto atribuyó la derrota del peronismo a que “la señora dividió el Ejercito”, Bonadio asentía sentado entre el público presente.

Bonadío no necesitó leer el anticipo que Pichetto le hizo a Jorge Fontevecchia a fines de octubre, cuando rechazó el desafuero para el caso de Cristina Kirchner. “El Senado tiene una línea de definición, que está reflejada muy claramente en el fallo de la Cámara Federal que resolvió la procedencia de la candidatura de Carlos Menem, que sostiene el principio de presunción de inocencia y el concepto de sentencia firme de naturaleza de cosa juzgada. Con lo cual, no veo que la voluntad popular pueda ser vulnerada por un mecanismo de desafuero en una instancia del proceso judicial”. Si la definición de Pichetto se mantiene y Cambiemos no la contradice, entonces Bonadio habrá actuado una vez más para golpear a la ex presidenta con la política y a su entorno con la cárcel, con un pedido que ya sabe será denegado. 

El Gobierno nacional afirma que no está detrás de las decisiones de Bonadio y parece incluso considerar que no hay motivos para el desafuero de Cristina. Así lo dijeron en los últimos meses desde Marcos Peña y German Garavano y lo sugirió también el propio Pinedo.

Sin embargo, los resultados son claros. El fallo llega justo para Macri, después de tres semanas sin salir de la posición defensiva en la que quedó por el desastre del ARA San Juan y sus 44 tripulantes. El Presidente podrá pasar el fin de semana largo tranquilo, mientras la prensa se entretiene con la eterna resurrección de Nisman.

Hay algo más, tal vez de fondo, que produce el fallo. El mensaje de alineamiento incondicional con Israel que la Argentina de Cambiemos envía hacia el mundo occidental. Una manera de agradecimiento a la primera visita de un premier de ese país en la historia argentina, la de Benjamin Netanyahu en setiembre pasado, cuando volvió a responsabilizar a Irán por los atentados en la década del noventa y llamó al presidente Macri “mi amigo”. No es sólo una simbiosis con relación a la historia reciente: también se nutre de un acuerdo filosófico en materia de seguridad y de negocios en común.