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En una cumbre cerrada, Peña se llevó el respaldo pleno del Círculo Rojo

Werthein juntó a medio gabinete con la crema de los CEOs del país. El jefe de Gabinete explicó el fenómeno Cambiemos y llevó tranquilidad: dijo que el conflicto mapuche no afecta las inversiones.
Por 05/12/2017 06:05 PM

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, habló sin los apuros propios de la gestión que lo hicieron irse rápido de otros eventos. “Pregunten tranquilos, si quieren dos o tres más”, le aclaró desde el escenario del salón central del Sheraton Retiro a quien leía las inquietudes del público. Luego de más de una hora larga de discurso, se bajó del estrado y se abrazó fuerte con Gustavo Cinosi, el propietario de las licencias del hotel anfitrión. Muchos se sorprendieron: Cinosi fue, como ahora con Cambiemos, uno de los articuladores de relaciones y negocios con el kirchnerismo. No le faltó ni ese condimento a la mini cumbre Gobierno-Círculo Rojo que se cargó al hombro el “celestino” con mayor poder de convocatoria, el jefe del Grupo W, Adrián Werthein. En su rol de presidente del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp), el empresario supo moverse fuerte este año uniendo voluntades de los privados con el Estado. Fin de año no fue la excepción.

 

 

Congregó en un mismo salón a la crema de los CEOs y a buena parte de los funcionarios más influyentes de Nación. Incluso reaparecieron en ese tipo de convites industriales de peso que son miembros del Cicyp pero que se colocan en las antípodas del Gobierno nacional. El caso más emblemático, el del “Vasco” José Ignacio De Mendiguren, que trataba en vano de explicar lo que cree que son errores de gestión, en un ambiente que estaba allí por razones más terrenales. El otro, Rubén Cherñajovsky, uno de los propietarios de Newsan, la firma de electro, quien bancó y acompañó la candidatura de Daniel Scioli hasta último momento.

En la mesa central, además de Peña, se sentaron Andrés Ibarra, el ministro de Modernización, el área estratégica con la que Mauricio Macri pretende acortar el Estado; el electo senador nacional y verdugo virtual de Cristina Fernández, Esteban Bullrich; y el jefe de Producción, Francisco “Pancho” Cabrera. También se lo observó activo en tertulias permanentes al ministro de la Producción Bonaerense, Javier Tizado

Enfrentados, el titular de Buquebús, Juan Carlos López Mena; el presidente de la Cámara de la Construcción (CAMARCO), Gustavo Weiss; el titular de Bolsas y Mercados (BYMA), Ernesto Allaria; Claudio Cesario, de la Asociación de Bancos (ABA); Jorge Brito hijo; Miguel Blanco, de Swiss Medical, entre otros. Más en la periferia, el salteño José Urtubey; el ex titular de UIA Héctor Méndez y el dueño de la prepaga Galeno, el quilmeño Julio Fraomeni.

 

 

Werthein se encargó de abrir el juego marcando la cancha. Y transmitió sintéticamente lo que piensan los CEOs. Que el país aún sigue en una situación compleja, con niveles de altos de pobreza, pero así y todo, siguen necesitándose cambios de fondo. “No va a haber unanimidad en las medidas, acá en Argentina tenemos 40 millones de directores técnicos y 40 millones de jefes de Gabinete”, disparó en su introducción el empresario que supo tener grandes firmas, como Telecom. Y agregó que “las medidas de este gobierno están inspiradas, pero no van a ser enteramente soportadas por la sociedad. Vamos a tener que pasar momentos difíciles, pero no caigamos en las tentaciones del pasado”.

Mientras bebían malbec, chardonnay y espumante de Bodegas del Fin del Mundo, el negocio vitivinícola de Eduardo Eurnekian, los CEOs comentaban algunos temas en particular que observan como problemas: la inflación que no retrocede; el acceso al crédito para inversiones productivas, las mega tasas que impone Federico Sturzenegger desde el Banco Central y temas más candentes que siempre ponen en alerta al establishment, como el rebrote de violencia en sur y el conflicto con los mapuches.

Cuando llegó la hora de las preguntas, Peña salió bien. Se lo notó distendido y, diferente a otras ocasiones, poco confrontativo. Dijo que con “gran parte de la comunidad mapuche hay buen diálogo” y se corrió del tiroteo mediático que afrontó el Gobierno tras las desafortunadas consideraciones de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, que se apresuró a una definición de agresión mutua entre las fuerzas de seguridad y los mapuches en el marco del asesinato del joven Rafael Nahuel. Aclaró que “estos temas no alejan inversiones y no impactan en el turismo”.

A un costado, un dirigente del comercio casi que lo contradecía con una metáfora particular del negocio de las ventas. “Cada vez que hay una tragedia o el ánimo social cae o se alborota, la gente compra menos. Está pasando ahora con el conflicto mapuche y con la desaparición del submarino ARA San Juan”, espetó ante un par de interlocutores incrédulos.

 

 

En otras de las preguntas espesas, el periodista de Perfil Jairo Straccia lo inquirió a Peña por el nombramiento en el Banco Nación de la hermana del actual ministro de Trabajo, Jorge Triaca. “Lo importante son los méritos y la capacitación. No son casos de políticos que meten gente en planta”, se excusó rápido de palabras.

Lo más rico del discurso Peña lo usó para biografiar a Cambiemos desde la génesis de la alianza con el radicalismo, en 2014, hasta la actualidad. Les propuso a los presentes entrar en “una máquina del tiempo con varias paradas”. En ese contexto, apuntó que en 2014 “una gran mayoría de los argentinos estaba harta de ver lo que era su vida y lo que le venían prometiendo”. Luego, en 2015, recordó “el plan bomba que nos había dejado el Gobierno anterior”. Y terminó refiriendo a cómo lograron cortar las expectativas negativas de que el país no tendría crecimiento.

Nada que los presentes no supieran, aunque esta vez cayó bien el repaso. Hay cuadros del establishment que aún creen que las desventuras oficiales en algunos temas particulares, sumados a los traspiés públicos en la prensa, responden a no haber explicado correctamente la herencia recibida. Para Peña fue una exposición en un escenario que está dispuesto a seguir sosteniendo al Gobierno. Y que, a pesar de todo, conserva muchas de las mismas dudas sobre cuestiones de fondo y reforma que tenía al inicio de la gestión Cambiemos. Incluso con dos años de gestión, el soporte de los CEOs sigue siendo más político y de expectativas que de cambios reales que sugieren los círculos de poder.  

En una cumbre cerrada, Peña se llevó el respaldo pleno del Círculo Rojo

Werthein juntó a medio gabinete con la crema de los CEOs del país. El jefe de Gabinete explicó el fenómeno Cambiemos y llevó tranquilidad: dijo que el conflicto mapuche no afecta las inversiones.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, habló sin los apuros propios de la gestión que lo hicieron irse rápido de otros eventos. “Pregunten tranquilos, si quieren dos o tres más”, le aclaró desde el escenario del salón central del Sheraton Retiro a quien leía las inquietudes del público. Luego de más de una hora larga de discurso, se bajó del estrado y se abrazó fuerte con Gustavo Cinosi, el propietario de las licencias del hotel anfitrión. Muchos se sorprendieron: Cinosi fue, como ahora con Cambiemos, uno de los articuladores de relaciones y negocios con el kirchnerismo. No le faltó ni ese condimento a la mini cumbre Gobierno-Círculo Rojo que se cargó al hombro el “celestino” con mayor poder de convocatoria, el jefe del Grupo W, Adrián Werthein. En su rol de presidente del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp), el empresario supo moverse fuerte este año uniendo voluntades de los privados con el Estado. Fin de año no fue la excepción.

 

 

Congregó en un mismo salón a la crema de los CEOs y a buena parte de los funcionarios más influyentes de Nación. Incluso reaparecieron en ese tipo de convites industriales de peso que son miembros del Cicyp pero que se colocan en las antípodas del Gobierno nacional. El caso más emblemático, el del “Vasco” José Ignacio De Mendiguren, que trataba en vano de explicar lo que cree que son errores de gestión, en un ambiente que estaba allí por razones más terrenales. El otro, Rubén Cherñajovsky, uno de los propietarios de Newsan, la firma de electro, quien bancó y acompañó la candidatura de Daniel Scioli hasta último momento.

En la mesa central, además de Peña, se sentaron Andrés Ibarra, el ministro de Modernización, el área estratégica con la que Mauricio Macri pretende acortar el Estado; el electo senador nacional y verdugo virtual de Cristina Fernández, Esteban Bullrich; y el jefe de Producción, Francisco “Pancho” Cabrera. También se lo observó activo en tertulias permanentes al ministro de la Producción Bonaerense, Javier Tizado

Enfrentados, el titular de Buquebús, Juan Carlos López Mena; el presidente de la Cámara de la Construcción (CAMARCO), Gustavo Weiss; el titular de Bolsas y Mercados (BYMA), Ernesto Allaria; Claudio Cesario, de la Asociación de Bancos (ABA); Jorge Brito hijo; Miguel Blanco, de Swiss Medical, entre otros. Más en la periferia, el salteño José Urtubey; el ex titular de UIA Héctor Méndez y el dueño de la prepaga Galeno, el quilmeño Julio Fraomeni.

 

 

Werthein se encargó de abrir el juego marcando la cancha. Y transmitió sintéticamente lo que piensan los CEOs. Que el país aún sigue en una situación compleja, con niveles de altos de pobreza, pero así y todo, siguen necesitándose cambios de fondo. “No va a haber unanimidad en las medidas, acá en Argentina tenemos 40 millones de directores técnicos y 40 millones de jefes de Gabinete”, disparó en su introducción el empresario que supo tener grandes firmas, como Telecom. Y agregó que “las medidas de este gobierno están inspiradas, pero no van a ser enteramente soportadas por la sociedad. Vamos a tener que pasar momentos difíciles, pero no caigamos en las tentaciones del pasado”.

Mientras bebían malbec, chardonnay y espumante de Bodegas del Fin del Mundo, el negocio vitivinícola de Eduardo Eurnekian, los CEOs comentaban algunos temas en particular que observan como problemas: la inflación que no retrocede; el acceso al crédito para inversiones productivas, las mega tasas que impone Federico Sturzenegger desde el Banco Central y temas más candentes que siempre ponen en alerta al establishment, como el rebrote de violencia en sur y el conflicto con los mapuches.

Cuando llegó la hora de las preguntas, Peña salió bien. Se lo notó distendido y, diferente a otras ocasiones, poco confrontativo. Dijo que con “gran parte de la comunidad mapuche hay buen diálogo” y se corrió del tiroteo mediático que afrontó el Gobierno tras las desafortunadas consideraciones de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, que se apresuró a una definición de agresión mutua entre las fuerzas de seguridad y los mapuches en el marco del asesinato del joven Rafael Nahuel. Aclaró que “estos temas no alejan inversiones y no impactan en el turismo”.

A un costado, un dirigente del comercio casi que lo contradecía con una metáfora particular del negocio de las ventas. “Cada vez que hay una tragedia o el ánimo social cae o se alborota, la gente compra menos. Está pasando ahora con el conflicto mapuche y con la desaparición del submarino ARA San Juan”, espetó ante un par de interlocutores incrédulos.

 

 

En otras de las preguntas espesas, el periodista de Perfil Jairo Straccia lo inquirió a Peña por el nombramiento en el Banco Nación de la hermana del actual ministro de Trabajo, Jorge Triaca. “Lo importante son los méritos y la capacitación. No son casos de políticos que meten gente en planta”, se excusó rápido de palabras.

Lo más rico del discurso Peña lo usó para biografiar a Cambiemos desde la génesis de la alianza con el radicalismo, en 2014, hasta la actualidad. Les propuso a los presentes entrar en “una máquina del tiempo con varias paradas”. En ese contexto, apuntó que en 2014 “una gran mayoría de los argentinos estaba harta de ver lo que era su vida y lo que le venían prometiendo”. Luego, en 2015, recordó “el plan bomba que nos había dejado el Gobierno anterior”. Y terminó refiriendo a cómo lograron cortar las expectativas negativas de que el país no tendría crecimiento.

Nada que los presentes no supieran, aunque esta vez cayó bien el repaso. Hay cuadros del establishment que aún creen que las desventuras oficiales en algunos temas particulares, sumados a los traspiés públicos en la prensa, responden a no haber explicado correctamente la herencia recibida. Para Peña fue una exposición en un escenario que está dispuesto a seguir sosteniendo al Gobierno. Y que, a pesar de todo, conserva muchas de las mismas dudas sobre cuestiones de fondo y reforma que tenía al inicio de la gestión Cambiemos. Incluso con dos años de gestión, el soporte de los CEOs sigue siendo más político y de expectativas que de cambios reales que sugieren los círculos de poder.