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El PRO y la oposición negocian los espacios disponibles en la administración de la Ciudad. El alcalde busca conformar a Carrió y Ocaña. Un sector del kirchnerismo y Lousteau cuentan con desventaja.
Por 10/11/2017 06:27 PM

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires abrió la temporada de guerra sorda por el reparto de cargos y la alianza entre el PRO, la Coalición Cívica y Confianza Pública modificó el esquema de negociación y poder en el distrito que gobierna Horacio Rodríguez Larreta. Todos piden y todos creen merecer un espacio porque terminan sus mandatos como diputados, pero la definición corre por cuenta del oficialismo que, para la desgracia del kirchnerismo y Martín Lousteau, tendrá más en cuenta la opinión de los aliados que compitieron dentro de Vamos Juntos.

La mayoría de los bloques de la oposición analiza el organigrama de la administración de Rodríguez Larreta y busca opciones, en especial para los diputados que culminan su mandato el 10 de diciembre. Sin embargo, esa tarea también recae en los ediles oficialistas, así hayan quedado afuera de la nómina que compitió en estas elecciones o no puedan renovar por cumplir ocho años en el edificio de Perú 130.

Lo cierto es que, a contramano de otros años, la renovación de cargos de este 2017 es mínima. Existen algunas vacantes, pero la mayoría de los lugares que hoy se disputan pasan exclusivamente por un “reacomodamiento político”.

Tras la alianza entre Larreta, Elisa Carrió y Graciela Ocaña que devino en el frente oficialista Vamos Juntos (Cambiemos porteño), la situación del espacio de Lousteau (Evolución) empezó a cotizar a la baja. La expulsión de Federico Saravia del CESBA, adelantada en exclusiva por Letra P, es un botón de muestra de esta modificación del mapa de alianzas porteño. Al mismo tiempo, exhibe un enojo personal de Larreta con el ex embajador argentino ante Estados Unidos.

 

 

El PRO sabe que se avecina un fin de año intenso. Si bien reposa en que superó la mayoría de 31 votos, advierte que la negociación por el reparto de cargos implicará contentar a más sectores políticos que en otras oportunidades. La alianza con la Coalición Cívica y Confianza Pública implica una situación inédita en la Ciudad: el oficialismo se agrandó y tiene más actores en la mesa de negociación. En consecuencia, el esquema cambió, como quedará en evidencia cuando se presente en sociedad el bloque Vamos Juntos.

La incorporación de Carrió y Ocaña no implicará, por el momento, novedades en el Gabinete porteño. Sin embargo, ambas dirigentes buscan hacer valer el resultado electoral (fueron las candidatas más votas en Ciudad y Provincia de Buenos Aires, respectivamente). En lo inmediato, buscan espacios en organismos en los que actualmente se desempeñan hombres y mujeres que militan por Lousteau. Agencia de Bienes, AUSA y el CESBA encabezan el ránking de reparticiones preferidas.

Carrió y Ocaña tienen vínculo directo con Larreta y, a pesar de que poseen intermediarios, pelearán mano a mano para engrosar sus espacios políticos. Bien lo saben los legisladores oficialistas que soñaban con seguir en el Parlamento y vieron cómo sus nombres quedaron relegados en las listas que Vamos Juntos presentó este año.

El PRO también busca un acuerdo con legisladores opositores con los que ha tenido una cercana relación y han votado junto al oficialismo en ciertas oportunidades. Es el caso de Claudio Palmeyro y Javier Gentilini, de buen diálogo con el Ejecutivo. El Gobierno ve con buenos ojos el desembarco del legislador peronista en SBASE o en AUSA, mientras que el massista sonaba para el CESBA, aún vacante, o para regresar al Instituto de Vivienda de la Ciudad.

 

El dilema del macrismo pasa por contentar a los ediles opositores con los que tiene buen vínculo y finalizan su mandato o abrir el juego a dirigentes ligados a Ocaña y Carrió. Mientras tanto, el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, y el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, hacen malabares para encontrar espacios para la tropa amarilla que debe dejar su banca en diciembre.

El lote de legisladores PRO sin destino es grande, pero hay algunos que cuentan con ventaja. Juan Pablo Arenaza, del riñón de Patricia Bullrich, aspira a desembarcar en el Ejecutivo dentro de una repartición que se dedique a la Participación Ciudadana y colabore para la reelección de Larreta.

En tanto, Roberto Quattromano cuenta con el respaldo de Cristian Ritondo para encontrar un espacio en el Gobierno, posiblemente en una oficina dedicada a las políticas para el sur de la Ciudad. Tras reuniones entre el ritondismo y Santilli, el legislador podría desembarcar en una repartición cercana al vicejefe.

Por otra parte, el kirchnerismo hace esfuerzos para mantener la estructura que actualmente tiene dentro de la Ciudad. El único confirmado es Gabriel Fuks en la Defensoría del Pueblo, que llegará con apoyo de un grupo de organizaciones sociales, aunque un sector del Gobierno veía con buenos ojos la posibilidad de ungirlo como nueve jefe del CESBA.

 

 

Pablo Ferreyra recibió ofertas de Jorge Ferraresi para sumarse a la intendencia de Avellaneda, aunque busca un espacio dentro de la Defensoría del Pueblo. El legislador dialoga con el titular de la Defensoría, Alejandro Amor, sobre la posibilidad de la creación de un órgano dentro de la Defensoría del Pueblo que atienda la temática violencia institucional, que Ferreyra trabajó durante su mandato en el Parlamento.

Los otros kirchneristas que culminan su mandato y no renuevan son José Cruz Campagnoli y Magdalena Tiesso. No tienen destino confirmado, aunque el kirchnerismo posee lugares en el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y en el Consejo del Plan Urbano Ambiental (COPUA).

Semanas atrás, el jefe del bloque del Frente para la Victoria, Carlos Tomada, se puso al frente de la negociación para garantizar los espacios que el kirchnerismo debería mantener, de acuerdo al resultado electoral y su condición de primera minoría en el recinto porteño.

Fin de año caliente: guerras y promesas por reparto de cargos porteños

El PRO y la oposición negocian los espacios disponibles en la administración de la Ciudad. El alcalde busca conformar a Carrió y Ocaña. Un sector del kirchnerismo y Lousteau cuentan con desventaja.

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires abrió la temporada de guerra sorda por el reparto de cargos y la alianza entre el PRO, la Coalición Cívica y Confianza Pública modificó el esquema de negociación y poder en el distrito que gobierna Horacio Rodríguez Larreta. Todos piden y todos creen merecer un espacio porque terminan sus mandatos como diputados, pero la definición corre por cuenta del oficialismo que, para la desgracia del kirchnerismo y Martín Lousteau, tendrá más en cuenta la opinión de los aliados que compitieron dentro de Vamos Juntos.

La mayoría de los bloques de la oposición analiza el organigrama de la administración de Rodríguez Larreta y busca opciones, en especial para los diputados que culminan su mandato el 10 de diciembre. Sin embargo, esa tarea también recae en los ediles oficialistas, así hayan quedado afuera de la nómina que compitió en estas elecciones o no puedan renovar por cumplir ocho años en el edificio de Perú 130.

Lo cierto es que, a contramano de otros años, la renovación de cargos de este 2017 es mínima. Existen algunas vacantes, pero la mayoría de los lugares que hoy se disputan pasan exclusivamente por un “reacomodamiento político”.

Tras la alianza entre Larreta, Elisa Carrió y Graciela Ocaña que devino en el frente oficialista Vamos Juntos (Cambiemos porteño), la situación del espacio de Lousteau (Evolución) empezó a cotizar a la baja. La expulsión de Federico Saravia del CESBA, adelantada en exclusiva por Letra P, es un botón de muestra de esta modificación del mapa de alianzas porteño. Al mismo tiempo, exhibe un enojo personal de Larreta con el ex embajador argentino ante Estados Unidos.

 

 

El PRO sabe que se avecina un fin de año intenso. Si bien reposa en que superó la mayoría de 31 votos, advierte que la negociación por el reparto de cargos implicará contentar a más sectores políticos que en otras oportunidades. La alianza con la Coalición Cívica y Confianza Pública implica una situación inédita en la Ciudad: el oficialismo se agrandó y tiene más actores en la mesa de negociación. En consecuencia, el esquema cambió, como quedará en evidencia cuando se presente en sociedad el bloque Vamos Juntos.

La incorporación de Carrió y Ocaña no implicará, por el momento, novedades en el Gabinete porteño. Sin embargo, ambas dirigentes buscan hacer valer el resultado electoral (fueron las candidatas más votas en Ciudad y Provincia de Buenos Aires, respectivamente). En lo inmediato, buscan espacios en organismos en los que actualmente se desempeñan hombres y mujeres que militan por Lousteau. Agencia de Bienes, AUSA y el CESBA encabezan el ránking de reparticiones preferidas.

Carrió y Ocaña tienen vínculo directo con Larreta y, a pesar de que poseen intermediarios, pelearán mano a mano para engrosar sus espacios políticos. Bien lo saben los legisladores oficialistas que soñaban con seguir en el Parlamento y vieron cómo sus nombres quedaron relegados en las listas que Vamos Juntos presentó este año.

El PRO también busca un acuerdo con legisladores opositores con los que ha tenido una cercana relación y han votado junto al oficialismo en ciertas oportunidades. Es el caso de Claudio Palmeyro y Javier Gentilini, de buen diálogo con el Ejecutivo. El Gobierno ve con buenos ojos el desembarco del legislador peronista en SBASE o en AUSA, mientras que el massista sonaba para el CESBA, aún vacante, o para regresar al Instituto de Vivienda de la Ciudad.

 

El dilema del macrismo pasa por contentar a los ediles opositores con los que tiene buen vínculo y finalizan su mandato o abrir el juego a dirigentes ligados a Ocaña y Carrió. Mientras tanto, el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, y el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, hacen malabares para encontrar espacios para la tropa amarilla que debe dejar su banca en diciembre.

El lote de legisladores PRO sin destino es grande, pero hay algunos que cuentan con ventaja. Juan Pablo Arenaza, del riñón de Patricia Bullrich, aspira a desembarcar en el Ejecutivo dentro de una repartición que se dedique a la Participación Ciudadana y colabore para la reelección de Larreta.

En tanto, Roberto Quattromano cuenta con el respaldo de Cristian Ritondo para encontrar un espacio en el Gobierno, posiblemente en una oficina dedicada a las políticas para el sur de la Ciudad. Tras reuniones entre el ritondismo y Santilli, el legislador podría desembarcar en una repartición cercana al vicejefe.

Por otra parte, el kirchnerismo hace esfuerzos para mantener la estructura que actualmente tiene dentro de la Ciudad. El único confirmado es Gabriel Fuks en la Defensoría del Pueblo, que llegará con apoyo de un grupo de organizaciones sociales, aunque un sector del Gobierno veía con buenos ojos la posibilidad de ungirlo como nueve jefe del CESBA.

 

 

Pablo Ferreyra recibió ofertas de Jorge Ferraresi para sumarse a la intendencia de Avellaneda, aunque busca un espacio dentro de la Defensoría del Pueblo. El legislador dialoga con el titular de la Defensoría, Alejandro Amor, sobre la posibilidad de la creación de un órgano dentro de la Defensoría del Pueblo que atienda la temática violencia institucional, que Ferreyra trabajó durante su mandato en el Parlamento.

Los otros kirchneristas que culminan su mandato y no renuevan son José Cruz Campagnoli y Magdalena Tiesso. No tienen destino confirmado, aunque el kirchnerismo posee lugares en el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y en el Consejo del Plan Urbano Ambiental (COPUA).

Semanas atrás, el jefe del bloque del Frente para la Victoria, Carlos Tomada, se puso al frente de la negociación para garantizar los espacios que el kirchnerismo debería mantener, de acuerdo al resultado electoral y su condición de primera minoría en el recinto porteño.