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Peronista de Carrió

Como jefe de campaña del oficialismo, el vicejefe de Gobierno es el nexo clave en la siempre tensa relación de Lilita con Larreta y el macrismo. En paralelo, crece como un operador clave de Cambiemos.
Por 16/10/2017 14:26

“Yo con vos no tengo nada personal. Dije lo que me comentaron, pero eso ya pasó. Te respeto. Ahora, trabajemos juntos”. La frase, seria y sin réplica, emanó de los labios de Elisa Carrió en abril. El destinatario era Diego Santilli. De movida, la líder de la Coalición Cívica buscó limar las asperezas cuando empezaba la negociación para que sea la candidata de Cambiemos y de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Meses después, la relación fluye en un vínculo estrecho. A cada paso que da Lilita, atrás está “El Colo”. La sigue, la escucha y la contiene. Pero, sobre todo, articula. Así se define en la intimidad: como un “articulador”. Con lógica política ejercitada en las filas del peronismo porteño, balancea entre la campaña electoral, su rol en la Legislatura y el vínculo entre la chaqueña y el jefe de Gobierno, toda una quimera años atrás.

En su sesión de running en cinta en el coqueto Ocampo Wellnes Club, al que asiste Rodríguez Larreta y donde también se ejercitaba Macri, o cuando lleva a sus hijos al colegio, el teléfono suena. Tiene que atender. Ser jefe de campaña de la Ciudad no es tarea fácil, en especial si la candidata número uno es Carrió que, si bien aceptó la disciplina PRO para hacer campaña, puso algunas condiciones.

El vicejefe de Gobierno debió coordinar con el lilito Maximiliano Ferraro -también jefe de campaña de Vamos Juntos- los días “disponibles” de la chaqueña, que siempre dejó en claro que también visitaría distritos en el interior, como las ciudades de Santa Fe, Resistencia o varios puntos de la provincia de Buenos Aires. Desde organizar el plan de medios acorde a su gusto, hasta asegurarse de que siempre haya una botella de agua cerca para saciar su sed y “entender” su negativa a realizar timbreos, nave insignia del método de “contacto directo” y la “gestión de cercanía” que el PRO ensaya desde 2005, cuando Macri empezaba a recorrer casas y tocar timbres. Todo lo resuelve Santilli. Además, Carrió prefiere que las reuniones con vecinos no sean tan pobladas. Ese requerimiento, cuentan en el Gobierno porteño, jamás pudo ser resuelto: tras los discursos de la candidata se arman filas de personas que buscan selfies o un minuto de su atención.

El gimnasio Ocampo Wellnes Club (el “Ocampo” para el macrismo) es un lugar cuasi sagrado para distintos dirigentes amarillos. No sólo por la cercanía a sus domicilios, sino también porque para algunos funciona como cábala. Hace años que Santilli organiza partidos de fútbol y luego un asado con el equipo de campaña, candidatos y funcionarios. Hasta ahora, el ritual en las canchas de sintético (lindero con el establecimiento) dio sus frutos y el PRO se impuso en todos los comicios, tanto en la Capital como en la carrera presidencial de Macri.

 

El tradicional asado pre electoral que protagonizan los PRO porteños.

Los que siguen el enamoramiento entre ambos indican que “aprendieron a respetarse”. “Lilita apoya y respeta mucho a la gente que trabaja y Diego se puso al hombro la campaña por pedido de Horacio. Desde ahí,  ya hay química”, explican en el comando de Vamos Juntos. El otro factor que rompió el hielo es el humor, característico de ambos, en especial cuando se apagan las cámaras de televisión. Bromean cuando están juntos y cuando no: días atrás, Carrió se corrió del libreto de campaña y empezó a recorrer vidrieras de comercios en soledad. Cuando volvió con el resto de los candidatos para proseguir la recorrida, lanzó entre risas: “No le cuenten a Santilli que se enoja”.

Santilli empezó el año preocupado. El 2017 amenazaba otra vez con tenerlo como protagonista de la elección y buena parte de Cambiemos daba como sentado su desembarco en el Congreso. Ante la ausencia de candidatos propios, el PRO no encontró mejor opción hasta que, tras un largo período de negociación, se cerró el acercamiento con Carrió en la Ciudad de Buenos Aires, a pesar de que la Coalición Cívica integró la nómina de Martín Lousteau en 2015.

A escasos días de las elecciones generales de octubre, el panorama cambió radicalmente para Santilli: profundizó su relación con Rodríguez Larreta, mantuvo su lugar en el Ejecutivo local, lo sumaron a la mesa electoral nacional y junto con Ferraro comanda la campaña exitosa del oficialismo capitalino, que logró un resultado histórico en las PASO del 13 de agosto.

Hace dos años la Coalición Cívica y el PRO estuvieron en veredas opuestas en la Capital, aunque a nivel nacional integraron Cambiemos y trabajaron por la candidatura presidencial de Mauricio Macri. Esa alianza no existió en la Ciudad y “Lilita” integró ECO junto a Lousteau, enfrentando a Rodríguez Larreta. Incluso, la chaqueña recordó su buena sintonía con Gabriela Michetti, que enfrentó al ex jefe de Gabinete en internas. Pero en 2016 la distancia entre Carrió y el alcalde empezó a achicarse producto de una cena organizada por Fabián “Pepín” Rodríguez Simón.

Hacia dentro de la estructura PRO, el responsable de mantener el vínculo entre Larreta y Carrió fue Santilli. A pesar de que ha sido víctima de las declaraciones furiosas e intempestivas de la diputada en más de una oportunidad, algunas veces por su pasado en el peronismo, otras por su relación con el sindicalista Hugo Moyano. Por las dudas, Santilli, fanático de River Plate, se encarga de aclarar que el comportamiento del líder de Camioneros con el Gobierno pasa, en exclusiva, por las manos del presidente de Boca Juniors, Daniel “el Tano” Angelici.

 

 

Esos cortocircuitos quedaron atrás una vez que la estrategia nacional de Cambiemos, propiciada por Larreta y avalada por Macri y María Eugenia Vidal, consideró que Lilita era la mejor opción para la Ciudad, ante la repentina renuncia de Lousteau a la embajada argentina en Estados Unidos y el creciente escenario de polarización de cara a los comicios.Una vez oficializada la alianza con el PRO en la Ciudad y confirmada su candidatura a diputada, Carrió prometió adecuarse a los métodos proselitistas del PRO y aceptó la jefatura de campaña de Santilli. “Lo quiero porque se parece a (Emilio) Monzó. Tiene el perfil de peronista simpático, bueno”, confiesa la chaqueña ante sus íntimos. Por las dudas, también ungió a Ferraro para esa tarea. Santilli y el diputado porteño juegan en tándem desde hace meses

EL CONSIGLIERI. Si bien trabaja para mantener conforme a la candidata nacional de Cambiemos, Santilli también atiende la relación con el resto de los aliados porteños al macrismo. En efecto, Larreta le delegó la negociación con Lousteau cuando el economista pretendía que le abran espacio para competir en internas. Desde fines de 2016 hasta abril de 2017 se encargó de hablar con “Guga” y con su primo y mano derecha, Guillermo Laje. Hubo diálogo hasta el último minuto, pero cualquier chance de acuerdo se desmoronó en la tarde del lunes tres de abril, cuando el economista se presentó sorpresivamente en la Casa Rosada para comunicarle a Macri que competía en la Ciudad. Ese mismo día, el larretismo esperaba al equipo de campaña de Lousteau para una nueva reunión. La situación enfureció a Larreta y la relación entre ambos sigue quebrada, a pesar de la “prueba de fe” reclamada por el mandamás de la Ciudad en torno al proyecto de Tiro Federal, que los legisladores de Lousteau apoyaron en la sesión ordinaria de la Legislatura del jueves 12 de octubre.

Al filo del cierre de listas, Larreta viajó a Canadá a una reunión de alcaldes y le entregó la lapicera a Santilli con la misión de contentar a propios y aliados, teniendo en cuenta algunos enojos por la preminencia de candidatos de Carrió y de Graciela Ocaña. El armado de Vamos Juntos trajo un problema para varios legisladores con ansías de renovar porque no quedaron en puestos expectantes, aunque el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, les garantizó que los tendrán en cuenta tras el 22 de octubre. Sin embargo, el problema mayúsculo llegó con la confirmación de que la periodista Débora Pérez Volpin encabezaba la boleta de legisladores de Lousteau. El macrismo apostaba por un dirigente del sector joven, pero Evolución desacomodó los planes. Fue Santilli quien aconsejó a Larreta encontrar un candidato de similares características y conocido ante el electorado. No hubo que buscar mucho porque, muy a su pesar, el ministro Andy Freire sonaba como cabeza de lista y el regreso de Larreta confirmó lo que se sospechaba.

Santilli disfruta las mieles del éxito gracias a dos socios: Larreta y Jaime Durán Barba. Tras algunos choques durante su paso por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, su relación con el alcalde atraviesa el mejor momento. Desde que aceptó ser su vicejefe de Gobierno entraron en confianza y juegan en tándem en la gestión porteña. Al minuto de asumir, se juraron lealtad y convivencia pacífica, que hasta hoy ambos respetan. Sin embargo, Santilli lo deja claro en conversaciones íntimas: “Mi jefe es Macri”.

 

Santilli y Larreta, juntos en el debate de candidatos en TN (FOTO: AGLP)

 

Son los voceros autorizados del Gobierno porteño para hablar de cualquier tema o para  defender la gestión en las pocas crisis que vivió desde el 10 de diciembre de 2015, como quedó demostrado en la tragedia durante la fiesta electrónica Time Warp. Larreta, híper celoso y atento a cada detalle de su gobierno, lo deja jugar, le dio espacios en la administración porteña, le confió la negociación política y la campaña electoral.

Fue el asesor ecuatoriano quien, rompiendo la lógica de la acompañante femenina, propuso a Santilli como el “socio clave” para Larreta en 2015, incluso cuando el ex senador reclamaba un lugar en la interna a la que finalmente accedió Michetti. En ese sentido, Durán Barba insistió en que Santilli se quede “pegado a Horacio” porque con su carisma “lo humaniza”.

Este año Durán Barba también hizo oír su voz al repetir que, si Santilli era candidato a diputado nacional por la Ciudad, su impronta y su rol quedarían vacantes en el gabinete capitalino, plagado de funcionarios del riñón de Larreta que se desempeñaron en segundas líneas gubernamentales durante la gestión de Macri.

 

Santilli, Larreta y Carrió, en la previa del debate televisivo de los candidatos porteños.

 

En esta campaña, Santilli trabó una buena relación con el coequiper de Durán Barba, Santiago Nieto. El asesor le recomendó leer “Sapiens: De animales a dioses” y el vicejefe lo acercó a Carrió, que rechaza a Durán – tal cual lo dejó en claro en aquella reunión en su casa de Exaltación De la Cruz- pero acepta los consejos de Nieto, como quedó en evidencia en el debate de candidatos que se filmó en los estudios de TN. En cada corte comercial del programa A Dos Voces, Larreta, Santilli, Ferraro y Nieto se acercaban al atril de la candidata para aconsejarla. Ese esquema se repitió una y otra vez a excepción de la primera pausa. Carrió, en su fiel estilo de romper esquemas, abandonó el estudio, se fue a fumar un cigarrillo y se recluyó en el camarín junto a sus asesores.

Para entender la voluntad de Carrió de participar en reuniones con vecinos (siempre pidió que no sean tan populosas), protagonizar Facebook Live y recorrer obras de gestión en piel de oficialista, hay que seguir el trabajo día a día de Santilli y Nieto. La otra cuota reside en Rodríguez Larreta, que con el tiempo se ganó la confianza de la doctora. En la última reunión con vecinos en el microestadio de Ferro lo llenó de elogios. Ni los lilitos esperaban tal muestra de afecto.

 

 

Entre Santilli y Ferraro se encargan, entre otras cosas, de sacar a las calles de la Ciudad todos los sábados de campaña a cerca de cinco mil personas, entre voluntarios y funcionarios, para que militen por la boleta de Carrió y Freire. Se trata de un objetivo claro: la mezcla y fusión entre el aparato comunicacional PRO y el aparato territorial, cometido que tantos dolores de cabeza les ocasionó a antiguos jefes de campaña del macrismo, como Peña, De Andreis o el propio Larreta.

En los pasillos de la Jefatura de Gobierno advierten que Larreta pensó en Santilli como un garante de la asociación entre la mesa comunicacional de campaña y la mesa territorial. Su éxito en la campaña, entonces, pasa por poder unir el arduo trabajo territorial que capean hombres como Eduardo Macchiavelli, Néstorel TurcoAbbas y Roberto Quattromano con el detallado índice numérico que elaboró Federico Di Benedetto. Una tabla con el porcentaje de participación electoral de las PASO y a dónde debería apuntar Vamos Juntos en octubre, que dejó boquiabiertos a los seguidores de la doctora Carrió.

El documento fue materia de análisis de la última reunión de la mesa territorial en la sede del PRO Nacional (ahora Cambiemos) y la orden fue clara: potenciar el trabajo en la zona sur y norte de la Ciudad. En el centro, creen que la incorporación de Carrió logró resultados insólitos para el macrismo en esa zona, aunque advierten que llegaron al techo.

El objetivo de esa fusión también se traduce en números. El tándem Santilli – Ferraro quiere 200 mil votos más que en las primarias. Traducido: alcanzar el 52% de los votos, conseguir 17 legisladores porteños y nueve diputados nacionales.

TODOTERRENO. Santilli no quería ir al Congreso y las versiones lo ubicaban como un futuro reemplazante de Emilio Monzó en la Cámara baja. Doble incomodidad: parte de Cambiemos lo quería de vuelta en el Poder Legislativo y, sin buscarlo, se encontraba en una disputa con el dirigente al que él mismo recomendó sumarse a las filas macristas allá por 2010 y que, en la previa a la definición de candidaturas, atravesaba una sorda interna con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Santilli y Monzó tuvieron paso por el Partido Justicialista, al igual que Salvai. Los tres llegaron al macrismo tras un historial previo en el peronismo menemista, al igual que el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, y la subdirectora de la Agencia Federal de Inteligencia, Silvia Majdalani. El actual vicejefe de Gobierno comenzó a militar de joven en el PJ de la zona norte y específicamente del barrio de Núñez, donde está el club de sus amores que presidió su padre Hugo.

Finalmente, Santilli no fue candidato y su posición dentro de Cambiemos fue en ascenso, merced a sus dotes políticos y las decisiones Larreta y Durán Barba que, voluntariamente o no, colaboraron con su idea. Su nombre no estará en la boleta pero se siente protagonista de esta elección. Tanto por su rol de jefe de campaña como por el lugar que ocupa en la mesa electoral (mesa chica ampliada) que conforman Larreta, Vidal, Peña, el secretario General de la Presidencia, Fernando De Andreis y el jefe de Gabinete bonaerense, Federico Salvai. Con estos dos últimos intercambia mensajes minuto a minuto, en especial durante esta última semana de campaña, cuando se encuentran en la definición de los los pormenores de los cierres de campaña de Macri, Vidal, Larreta y sus candidatos. Además, es el capitán del equipo porteño que se enfrenta con los funcionarios nacionales en los picaditos en la residencia presidencial de Olivos. “Es un cinco que pasa y recupera”, lo definen sus compañeros de equipo.

En paralelo, el vicejefe porteño extendió su dominio por fuera de la Capital: en las PASO apoyó a Eugenio Lacanette como candidato a concejal y ganó la interna de Cambiemos en San Andrés De Giles. Cuando visita el municipio del norte de la provincia de Buenos Aires desfila por las calles del centro comercial para reunirse con vecinos y probar el helado de Marfresh, que ofrece su gusto preferido: naranja. “En las heladerías de la Ciudad no lo venden más”, se queja Santilli.

 

Santilli estuvo en la semana en San Andrés De Giles, donde apoya al candidato a concejal Eugenio Lacanatte.

 

Su inclusión en la mesa electoral lo ubica como un dirigente nacional, con obligaciones por fuera de los límites geográficos de la Ciudad de Buenos Aires. En el PRO recuerdan las dudas de Macri de enviarlo como compañero de Larreta porque hasta último minuto lo quería mantener en el Senado, aceitando el vínculo con legisladores peronistas y radicales. Este viernes Luis Naidenoff lo esperaba en Formosa pero el paro de trabajadores de Aerolíneas Argentinas frustró el viaje en apoyo al candidato senador por Cambiemos en esa provincia. A su vez, hace semanas blanqueó el apoyo del PRO al sector disidente de la Unión Cívica Radical (alineada a Cambiemos) que quiere competir en internas con el sector de Emiliano Yacobitti y EnriqueCotiNosiglia.

En la lógica radical, esa intromisión en la interna boina blanca porteña es un nuevo golpe a Lousteau pergeñado por Larreta. Santilli sacó provecho de su buena relación con Ernesto Sanz, con quien fortaleció su vínculo durante su mandato en el Senado. Entre 2013 y 2015, por pedido de Macri, aumentó su diálogo con radicales del interior y ya actuaba como operador nacional del PRO de un armado en ciernes: Cambiemos. Para los seguidores de las intrincadas riñas subterráneas de la política porteña, la decisión del PRO de ir por la UCR local es una devolución de favores de Larreta hacia Nosiglia padre, principal radical nacional aliado a Lousteau y promotor de su sueño de gobernar la Ciudad en 2019. Para eso, el alcalde también cuenta con el apoyo de Santilli.

Peronista de Carrió

Como jefe de campaña del oficialismo, el vicejefe de Gobierno es el nexo clave en la siempre tensa relación de Lilita con Larreta y el macrismo. En paralelo, crece como un operador clave de Cambiemos.

“Yo con vos no tengo nada personal. Dije lo que me comentaron, pero eso ya pasó. Te respeto. Ahora, trabajemos juntos”. La frase, seria y sin réplica, emanó de los labios de Elisa Carrió en abril. El destinatario era Diego Santilli. De movida, la líder de la Coalición Cívica buscó limar las asperezas cuando empezaba la negociación para que sea la candidata de Cambiemos y de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Meses después, la relación fluye en un vínculo estrecho. A cada paso que da Lilita, atrás está “El Colo”. La sigue, la escucha y la contiene. Pero, sobre todo, articula. Así se define en la intimidad: como un “articulador”. Con lógica política ejercitada en las filas del peronismo porteño, balancea entre la campaña electoral, su rol en la Legislatura y el vínculo entre la chaqueña y el jefe de Gobierno, toda una quimera años atrás.

En su sesión de running en cinta en el coqueto Ocampo Wellnes Club, al que asiste Rodríguez Larreta y donde también se ejercitaba Macri, o cuando lleva a sus hijos al colegio, el teléfono suena. Tiene que atender. Ser jefe de campaña de la Ciudad no es tarea fácil, en especial si la candidata número uno es Carrió que, si bien aceptó la disciplina PRO para hacer campaña, puso algunas condiciones.

El vicejefe de Gobierno debió coordinar con el lilito Maximiliano Ferraro -también jefe de campaña de Vamos Juntos- los días “disponibles” de la chaqueña, que siempre dejó en claro que también visitaría distritos en el interior, como las ciudades de Santa Fe, Resistencia o varios puntos de la provincia de Buenos Aires. Desde organizar el plan de medios acorde a su gusto, hasta asegurarse de que siempre haya una botella de agua cerca para saciar su sed y “entender” su negativa a realizar timbreos, nave insignia del método de “contacto directo” y la “gestión de cercanía” que el PRO ensaya desde 2005, cuando Macri empezaba a recorrer casas y tocar timbres. Todo lo resuelve Santilli. Además, Carrió prefiere que las reuniones con vecinos no sean tan pobladas. Ese requerimiento, cuentan en el Gobierno porteño, jamás pudo ser resuelto: tras los discursos de la candidata se arman filas de personas que buscan selfies o un minuto de su atención.

El gimnasio Ocampo Wellnes Club (el “Ocampo” para el macrismo) es un lugar cuasi sagrado para distintos dirigentes amarillos. No sólo por la cercanía a sus domicilios, sino también porque para algunos funciona como cábala. Hace años que Santilli organiza partidos de fútbol y luego un asado con el equipo de campaña, candidatos y funcionarios. Hasta ahora, el ritual en las canchas de sintético (lindero con el establecimiento) dio sus frutos y el PRO se impuso en todos los comicios, tanto en la Capital como en la carrera presidencial de Macri.

 

El tradicional asado pre electoral que protagonizan los PRO porteños.

Los que siguen el enamoramiento entre ambos indican que “aprendieron a respetarse”. “Lilita apoya y respeta mucho a la gente que trabaja y Diego se puso al hombro la campaña por pedido de Horacio. Desde ahí,  ya hay química”, explican en el comando de Vamos Juntos. El otro factor que rompió el hielo es el humor, característico de ambos, en especial cuando se apagan las cámaras de televisión. Bromean cuando están juntos y cuando no: días atrás, Carrió se corrió del libreto de campaña y empezó a recorrer vidrieras de comercios en soledad. Cuando volvió con el resto de los candidatos para proseguir la recorrida, lanzó entre risas: “No le cuenten a Santilli que se enoja”.

Santilli empezó el año preocupado. El 2017 amenazaba otra vez con tenerlo como protagonista de la elección y buena parte de Cambiemos daba como sentado su desembarco en el Congreso. Ante la ausencia de candidatos propios, el PRO no encontró mejor opción hasta que, tras un largo período de negociación, se cerró el acercamiento con Carrió en la Ciudad de Buenos Aires, a pesar de que la Coalición Cívica integró la nómina de Martín Lousteau en 2015.

A escasos días de las elecciones generales de octubre, el panorama cambió radicalmente para Santilli: profundizó su relación con Rodríguez Larreta, mantuvo su lugar en el Ejecutivo local, lo sumaron a la mesa electoral nacional y junto con Ferraro comanda la campaña exitosa del oficialismo capitalino, que logró un resultado histórico en las PASO del 13 de agosto.

Hace dos años la Coalición Cívica y el PRO estuvieron en veredas opuestas en la Capital, aunque a nivel nacional integraron Cambiemos y trabajaron por la candidatura presidencial de Mauricio Macri. Esa alianza no existió en la Ciudad y “Lilita” integró ECO junto a Lousteau, enfrentando a Rodríguez Larreta. Incluso, la chaqueña recordó su buena sintonía con Gabriela Michetti, que enfrentó al ex jefe de Gabinete en internas. Pero en 2016 la distancia entre Carrió y el alcalde empezó a achicarse producto de una cena organizada por Fabián “Pepín” Rodríguez Simón.

Hacia dentro de la estructura PRO, el responsable de mantener el vínculo entre Larreta y Carrió fue Santilli. A pesar de que ha sido víctima de las declaraciones furiosas e intempestivas de la diputada en más de una oportunidad, algunas veces por su pasado en el peronismo, otras por su relación con el sindicalista Hugo Moyano. Por las dudas, Santilli, fanático de River Plate, se encarga de aclarar que el comportamiento del líder de Camioneros con el Gobierno pasa, en exclusiva, por las manos del presidente de Boca Juniors, Daniel “el Tano” Angelici.

 

 

Esos cortocircuitos quedaron atrás una vez que la estrategia nacional de Cambiemos, propiciada por Larreta y avalada por Macri y María Eugenia Vidal, consideró que Lilita era la mejor opción para la Ciudad, ante la repentina renuncia de Lousteau a la embajada argentina en Estados Unidos y el creciente escenario de polarización de cara a los comicios.Una vez oficializada la alianza con el PRO en la Ciudad y confirmada su candidatura a diputada, Carrió prometió adecuarse a los métodos proselitistas del PRO y aceptó la jefatura de campaña de Santilli. “Lo quiero porque se parece a (Emilio) Monzó. Tiene el perfil de peronista simpático, bueno”, confiesa la chaqueña ante sus íntimos. Por las dudas, también ungió a Ferraro para esa tarea. Santilli y el diputado porteño juegan en tándem desde hace meses

EL CONSIGLIERI. Si bien trabaja para mantener conforme a la candidata nacional de Cambiemos, Santilli también atiende la relación con el resto de los aliados porteños al macrismo. En efecto, Larreta le delegó la negociación con Lousteau cuando el economista pretendía que le abran espacio para competir en internas. Desde fines de 2016 hasta abril de 2017 se encargó de hablar con “Guga” y con su primo y mano derecha, Guillermo Laje. Hubo diálogo hasta el último minuto, pero cualquier chance de acuerdo se desmoronó en la tarde del lunes tres de abril, cuando el economista se presentó sorpresivamente en la Casa Rosada para comunicarle a Macri que competía en la Ciudad. Ese mismo día, el larretismo esperaba al equipo de campaña de Lousteau para una nueva reunión. La situación enfureció a Larreta y la relación entre ambos sigue quebrada, a pesar de la “prueba de fe” reclamada por el mandamás de la Ciudad en torno al proyecto de Tiro Federal, que los legisladores de Lousteau apoyaron en la sesión ordinaria de la Legislatura del jueves 12 de octubre.

Al filo del cierre de listas, Larreta viajó a Canadá a una reunión de alcaldes y le entregó la lapicera a Santilli con la misión de contentar a propios y aliados, teniendo en cuenta algunos enojos por la preminencia de candidatos de Carrió y de Graciela Ocaña. El armado de Vamos Juntos trajo un problema para varios legisladores con ansías de renovar porque no quedaron en puestos expectantes, aunque el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, les garantizó que los tendrán en cuenta tras el 22 de octubre. Sin embargo, el problema mayúsculo llegó con la confirmación de que la periodista Débora Pérez Volpin encabezaba la boleta de legisladores de Lousteau. El macrismo apostaba por un dirigente del sector joven, pero Evolución desacomodó los planes. Fue Santilli quien aconsejó a Larreta encontrar un candidato de similares características y conocido ante el electorado. No hubo que buscar mucho porque, muy a su pesar, el ministro Andy Freire sonaba como cabeza de lista y el regreso de Larreta confirmó lo que se sospechaba.

Santilli disfruta las mieles del éxito gracias a dos socios: Larreta y Jaime Durán Barba. Tras algunos choques durante su paso por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, su relación con el alcalde atraviesa el mejor momento. Desde que aceptó ser su vicejefe de Gobierno entraron en confianza y juegan en tándem en la gestión porteña. Al minuto de asumir, se juraron lealtad y convivencia pacífica, que hasta hoy ambos respetan. Sin embargo, Santilli lo deja claro en conversaciones íntimas: “Mi jefe es Macri”.

 

Santilli y Larreta, juntos en el debate de candidatos en TN (FOTO: AGLP)

 

Son los voceros autorizados del Gobierno porteño para hablar de cualquier tema o para  defender la gestión en las pocas crisis que vivió desde el 10 de diciembre de 2015, como quedó demostrado en la tragedia durante la fiesta electrónica Time Warp. Larreta, híper celoso y atento a cada detalle de su gobierno, lo deja jugar, le dio espacios en la administración porteña, le confió la negociación política y la campaña electoral.

Fue el asesor ecuatoriano quien, rompiendo la lógica de la acompañante femenina, propuso a Santilli como el “socio clave” para Larreta en 2015, incluso cuando el ex senador reclamaba un lugar en la interna a la que finalmente accedió Michetti. En ese sentido, Durán Barba insistió en que Santilli se quede “pegado a Horacio” porque con su carisma “lo humaniza”.

Este año Durán Barba también hizo oír su voz al repetir que, si Santilli era candidato a diputado nacional por la Ciudad, su impronta y su rol quedarían vacantes en el gabinete capitalino, plagado de funcionarios del riñón de Larreta que se desempeñaron en segundas líneas gubernamentales durante la gestión de Macri.

 

Santilli, Larreta y Carrió, en la previa del debate televisivo de los candidatos porteños.

 

En esta campaña, Santilli trabó una buena relación con el coequiper de Durán Barba, Santiago Nieto. El asesor le recomendó leer “Sapiens: De animales a dioses” y el vicejefe lo acercó a Carrió, que rechaza a Durán – tal cual lo dejó en claro en aquella reunión en su casa de Exaltación De la Cruz- pero acepta los consejos de Nieto, como quedó en evidencia en el debate de candidatos que se filmó en los estudios de TN. En cada corte comercial del programa A Dos Voces, Larreta, Santilli, Ferraro y Nieto se acercaban al atril de la candidata para aconsejarla. Ese esquema se repitió una y otra vez a excepción de la primera pausa. Carrió, en su fiel estilo de romper esquemas, abandonó el estudio, se fue a fumar un cigarrillo y se recluyó en el camarín junto a sus asesores.

Para entender la voluntad de Carrió de participar en reuniones con vecinos (siempre pidió que no sean tan populosas), protagonizar Facebook Live y recorrer obras de gestión en piel de oficialista, hay que seguir el trabajo día a día de Santilli y Nieto. La otra cuota reside en Rodríguez Larreta, que con el tiempo se ganó la confianza de la doctora. En la última reunión con vecinos en el microestadio de Ferro lo llenó de elogios. Ni los lilitos esperaban tal muestra de afecto.

 

 

Entre Santilli y Ferraro se encargan, entre otras cosas, de sacar a las calles de la Ciudad todos los sábados de campaña a cerca de cinco mil personas, entre voluntarios y funcionarios, para que militen por la boleta de Carrió y Freire. Se trata de un objetivo claro: la mezcla y fusión entre el aparato comunicacional PRO y el aparato territorial, cometido que tantos dolores de cabeza les ocasionó a antiguos jefes de campaña del macrismo, como Peña, De Andreis o el propio Larreta.

En los pasillos de la Jefatura de Gobierno advierten que Larreta pensó en Santilli como un garante de la asociación entre la mesa comunicacional de campaña y la mesa territorial. Su éxito en la campaña, entonces, pasa por poder unir el arduo trabajo territorial que capean hombres como Eduardo Macchiavelli, Néstorel TurcoAbbas y Roberto Quattromano con el detallado índice numérico que elaboró Federico Di Benedetto. Una tabla con el porcentaje de participación electoral de las PASO y a dónde debería apuntar Vamos Juntos en octubre, que dejó boquiabiertos a los seguidores de la doctora Carrió.

El documento fue materia de análisis de la última reunión de la mesa territorial en la sede del PRO Nacional (ahora Cambiemos) y la orden fue clara: potenciar el trabajo en la zona sur y norte de la Ciudad. En el centro, creen que la incorporación de Carrió logró resultados insólitos para el macrismo en esa zona, aunque advierten que llegaron al techo.

El objetivo de esa fusión también se traduce en números. El tándem Santilli – Ferraro quiere 200 mil votos más que en las primarias. Traducido: alcanzar el 52% de los votos, conseguir 17 legisladores porteños y nueve diputados nacionales.

TODOTERRENO. Santilli no quería ir al Congreso y las versiones lo ubicaban como un futuro reemplazante de Emilio Monzó en la Cámara baja. Doble incomodidad: parte de Cambiemos lo quería de vuelta en el Poder Legislativo y, sin buscarlo, se encontraba en una disputa con el dirigente al que él mismo recomendó sumarse a las filas macristas allá por 2010 y que, en la previa a la definición de candidaturas, atravesaba una sorda interna con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Santilli y Monzó tuvieron paso por el Partido Justicialista, al igual que Salvai. Los tres llegaron al macrismo tras un historial previo en el peronismo menemista, al igual que el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, y la subdirectora de la Agencia Federal de Inteligencia, Silvia Majdalani. El actual vicejefe de Gobierno comenzó a militar de joven en el PJ de la zona norte y específicamente del barrio de Núñez, donde está el club de sus amores que presidió su padre Hugo.

Finalmente, Santilli no fue candidato y su posición dentro de Cambiemos fue en ascenso, merced a sus dotes políticos y las decisiones Larreta y Durán Barba que, voluntariamente o no, colaboraron con su idea. Su nombre no estará en la boleta pero se siente protagonista de esta elección. Tanto por su rol de jefe de campaña como por el lugar que ocupa en la mesa electoral (mesa chica ampliada) que conforman Larreta, Vidal, Peña, el secretario General de la Presidencia, Fernando De Andreis y el jefe de Gabinete bonaerense, Federico Salvai. Con estos dos últimos intercambia mensajes minuto a minuto, en especial durante esta última semana de campaña, cuando se encuentran en la definición de los los pormenores de los cierres de campaña de Macri, Vidal, Larreta y sus candidatos. Además, es el capitán del equipo porteño que se enfrenta con los funcionarios nacionales en los picaditos en la residencia presidencial de Olivos. “Es un cinco que pasa y recupera”, lo definen sus compañeros de equipo.

En paralelo, el vicejefe porteño extendió su dominio por fuera de la Capital: en las PASO apoyó a Eugenio Lacanette como candidato a concejal y ganó la interna de Cambiemos en San Andrés De Giles. Cuando visita el municipio del norte de la provincia de Buenos Aires desfila por las calles del centro comercial para reunirse con vecinos y probar el helado de Marfresh, que ofrece su gusto preferido: naranja. “En las heladerías de la Ciudad no lo venden más”, se queja Santilli.

 

Santilli estuvo en la semana en San Andrés De Giles, donde apoya al candidato a concejal Eugenio Lacanatte.

 

Su inclusión en la mesa electoral lo ubica como un dirigente nacional, con obligaciones por fuera de los límites geográficos de la Ciudad de Buenos Aires. En el PRO recuerdan las dudas de Macri de enviarlo como compañero de Larreta porque hasta último minuto lo quería mantener en el Senado, aceitando el vínculo con legisladores peronistas y radicales. Este viernes Luis Naidenoff lo esperaba en Formosa pero el paro de trabajadores de Aerolíneas Argentinas frustró el viaje en apoyo al candidato senador por Cambiemos en esa provincia. A su vez, hace semanas blanqueó el apoyo del PRO al sector disidente de la Unión Cívica Radical (alineada a Cambiemos) que quiere competir en internas con el sector de Emiliano Yacobitti y EnriqueCotiNosiglia.

En la lógica radical, esa intromisión en la interna boina blanca porteña es un nuevo golpe a Lousteau pergeñado por Larreta. Santilli sacó provecho de su buena relación con Ernesto Sanz, con quien fortaleció su vínculo durante su mandato en el Senado. Entre 2013 y 2015, por pedido de Macri, aumentó su diálogo con radicales del interior y ya actuaba como operador nacional del PRO de un armado en ciernes: Cambiemos. Para los seguidores de las intrincadas riñas subterráneas de la política porteña, la decisión del PRO de ir por la UCR local es una devolución de favores de Larreta hacia Nosiglia padre, principal radical nacional aliado a Lousteau y promotor de su sueño de gobernar la Ciudad en 2019. Para eso, el alcalde también cuenta con el apoyo de Santilli.