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El ex ejecutivo de SOCMA, investigado por supuesto enriquecimiento ilícito, no es un macrista más. Es una pieza clave en la ingeniería política y financiera del jefe de Estado. ¿Conexiones offshore?
Redacción 30/06/2016 01:36 PM

¿Néstor Grindetti sólo es el intendente de un distrito de la populosa tercera sección electoral bonaerense que pudo terminar con más de 40 años de gestiones peronistas? Su función ininterrumpida durante ocho años como ministro de Hacienda del Gobierno porteño y su historial dentro de la Sociedad Macri (SOCMA) revelan que el hombre, que fue imputado judicialmente por presunto enriquecimiento ilícito como consecuencia de la investigación periodística internacional Panamá Papers, es mucho más que el flamante jefe comunal de Lanús: se trata de un hombre de máxima confianza de Mauricio Macri y de su padre Franco, a quienes conoce desde hace más de dos décadas, cuando el único Néstor que resonaba en el entorno de los Macri era ese gerente de confianza, que había desempeñado con éxito tantas funciones cruciales para las empresas familiares que había sido promovido para integrar los cuadros fundacionales de la Fundación Creer y Crecer, el think tank inicial que esculpió -a fuerza de marketing, negocios y equipos técnicos- las ambiciones políticas del Presidente. Pieza clave en la construcción política y en la ingeniería financiera personal del jefe de Estado, Grindetti, en definitiva, es Macri. Sus problemas judiciales sacuden el despacho principal de la Municipalidad de Lanús, pero también provocan temblores en la Casa Rosada, donde temen que la investigación del fiscal Patricio Evers encuentre puntos de contacto entre la ruta del dinero (offshore) de Grindetti y la ruta del dinero (offshore) de Macri.

El ex gerente y ya histórico dirigente del PRO se graduó con el título de “Actuario” en la Universidad de Buenos Aires y, siempre lo dijo, “ama” su Lanús natal. Quiere tanto a su terruño del sur bonaerense que, dicen en su entorno, siempre soñó con gobernarlo. En los tiempos que ya forman parte de la prehistoria del PRO, Grindetti fue un adelantado: siempre insistió con que su fuerza, diseñada in vitro dentro de la Fundación Creer y Crecer, debía conquistar una cabeza de playa en la provincia de Buenos Aires. Para un hombre de corazón granate y confesas pasiones peronistas, la Normandía del macrismo era, sin dudas, Lanús.

Una década después de insistir con el mismo sueño, Grindetti está al frente del municipio que siempre quiso gobernar, pero la densidad de su pasado como el principal administrador de las cuentas porteñas se transformó en un obstáculo de consecuencias judiciales imprevisibles y una puerta para conocer el pasado de uno de los hombres más importantes de las finanzas personales de los Macri y el administrador del tercer presupuesto más importante de la Argentina durante ocho años.

SUÉLTAME, PASADO. En 2015, en medio de la victoria de Cambiemos, Grindetti tuvo su sitial en los medios gracias a la conquista de la tierra que gobernó Manuel Quindimil por más de tres décadas. Ahora, como una trampa del destino, volvió a protagonizar las primeras planas de los medios luego de que el fiscal federal Evers lo imputara por presunto enriquecimiento ilícito a raíz de la supuesta participación del funcionario en sociedades offshore creadas por el estudio de abogados Mossack Fonseca, según reveló la investigación internacional conocida como Panamá Papers, que también involucró a otros funcionarios del partido y al propio presidente.

Se investiga a Grindetti porque, entre julio de 2010 y el mismo mes de 2013, habría tenido un poder especial de ese estudio de abogados para operar en la firma Mercier International y otro para manejar una cuenta en un banco suizo de la firma Clariden Lew AG. La causa se inició con el pedido del fiscal de instrucción Martín Niklison, quien activó una denuncia penal contra el intendente “luego de tomar conocimiento de lo publicado por distintos medios de comunicación en cuanto a la investigación periodística Panamá Papers”, según consta en el escrito del fiscal.

La denuncia había sido presentada junto con otra contra Macri en el juzgado federal a cargo de Sebastián Casanello, quien ya investigaba al Presidente, por lo que tomó sólo la parte de la denuncia relacionada al primer mandatario. Entonces, el fiscal federal Federico Delgado interpretó que se trataba de dos investigaciones distintas y extrajo la demanda contra Grindetti del texto de la original para enviarla a sorteo: recayó en el juzgado de María Romilda Servini de Cubría con la intervención de Evers. Según este fiscal, Mossack Fonseca es una “empresa sospechada de crear empresas fantasma y de su vinculación con delitos de blanqueo de capitales de origen y de evasión impositiva”. La naturaleza de ese estudio ya es conocida, pero en la trama del PRO suma otro elemento denso: el principal contacto que tenía el estudio panameño con el entorno de Macri era el actual secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Pablo Clusellas, que tuvo el mismo cargo en la ciudad. Si Clusellas le cuidaba y la cuida la firma a Macri, Grindetti le administró y preservó una caja millonaria y una aceitada negociación con la Legislatura porteña para garantizarle a su jefe la aprobación de un presupuesto multimillonario que, en ocho años, se cuadruplicó, lo mismo que sucedió con el endeudamiento externo de la Capital.

OTRO DOLOR DE CABEZA EN MARCHA. En paralelo, los radicales K Leandro Santoro y Leopoldo Moreau reflotaron una denuncia penal que motorizaron en abril ante la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) por posibles conexiones delictivas entre la emisión de un bono por parte del Ministerio de Hacienda porteño en el primer semestre de 2010 y el poder que Mossack Fonseca le concedió a Grindetti para administrar la firma Mercier International y otro poder para manejar una cuenta en un banco suizo de la firma Clariden Lew AG.

Todo bajo el revuelo que ocasionaron los Panamá Papers, que también trajeron dolores de cabeza para Clusellas, Nicolás Caputo (amigo íntimo y consejero habitual del jefe de Estado), Claudio Avruj (secretario de Derechos Humanos), Daniel Angelici (presidente de Boca, vice del Colegio de Abogados porteño y operador judicial del titular del Ejecutivo) y Gustavo Arribas (titular de la AFI).

El disparador de este capítulo penal tiene que ver con esa deuda cuadruplicada en manos de Grindetti. El bono en cuestión es el Tango 08, colocado en el mercado por la Ciudad a través de un consorcio entre el Credit Suisse y la financiera KBR. Según anticipó hace un mes la revista Crisis, la emisión de estos títulos de deuda pública fue “por unos 475 millones de dólares” y  se concretó entre el 29 de marzo y el 6 de abril de 2010. El mismo medio informa que “el Credit Suisse tomó la deuda emitida por la Ciudad y salió a ofrecerla en el exterior, por lo que a cambio se le pagó una comisión por su operación del 0,75% del monto total. O sea, unos 3.562.500 dólares”.

“La emisión de bonos se hizo abril y mayo de 2010 y constituye la offshore en Panamá un mes después, en julio. La empresa KBR no tenía antecedentes en el mercado. A pesar de que la mayor parte del trabajo de intermediación lo hizo el banco Credit Suisse, la que cobró la mayor tajada de la intermediación, que fue del dos por ciento del total, fue KBR. Uno de sus directores era una persona vinculada al financiamiento de la campaña del PRO. Eran dos intermediarios, KBR y el Credit Suisse. El Credit Suisse está vinculado al blanco Clariden Lew, que es el banco en el cual aparece abierta la cuenta de la firma Mercier International en Panamá, de la cual era apoderado Grindetti”, reconstruyó la experta en investigaciones de lavado de dinero Natalia Volosin, en diálogo con el programa Entretiempo de Radio Concepto.

“En 2010 pensé hacer una inversión en el exterior. Vimos de encargar una sociedad pero nunca se efectivizó la inversión. Tras no tener actividad, el valor del movimiento económico es cero. Uno declara algo cuando hay movimiento económico”, reconoció el martes el ex ministro de Hacienda en declaraciones a radio La Red.

Grindetti es Macri: por qué la imputación al intendente de Lanús inquieta al Presidente

El ex ejecutivo de SOCMA, investigado por supuesto enriquecimiento ilícito, no es un macrista más. Es una pieza clave en la ingeniería política y financiera del jefe de Estado. ¿Conexiones offshore?

¿Néstor Grindetti sólo es el intendente de un distrito de la populosa tercera sección electoral bonaerense que pudo terminar con más de 40 años de gestiones peronistas? Su función ininterrumpida durante ocho años como ministro de Hacienda del Gobierno porteño y su historial dentro de la Sociedad Macri (SOCMA) revelan que el hombre, que fue imputado judicialmente por presunto enriquecimiento ilícito como consecuencia de la investigación periodística internacional Panamá Papers, es mucho más que el flamante jefe comunal de Lanús: se trata de un hombre de máxima confianza de Mauricio Macri y de su padre Franco, a quienes conoce desde hace más de dos décadas, cuando el único Néstor que resonaba en el entorno de los Macri era ese gerente de confianza, que había desempeñado con éxito tantas funciones cruciales para las empresas familiares que había sido promovido para integrar los cuadros fundacionales de la Fundación Creer y Crecer, el think tank inicial que esculpió -a fuerza de marketing, negocios y equipos técnicos- las ambiciones políticas del Presidente. Pieza clave en la construcción política y en la ingeniería financiera personal del jefe de Estado, Grindetti, en definitiva, es Macri. Sus problemas judiciales sacuden el despacho principal de la Municipalidad de Lanús, pero también provocan temblores en la Casa Rosada, donde temen que la investigación del fiscal Patricio Evers encuentre puntos de contacto entre la ruta del dinero (offshore) de Grindetti y la ruta del dinero (offshore) de Macri.

El ex gerente y ya histórico dirigente del PRO se graduó con el título de “Actuario” en la Universidad de Buenos Aires y, siempre lo dijo, “ama” su Lanús natal. Quiere tanto a su terruño del sur bonaerense que, dicen en su entorno, siempre soñó con gobernarlo. En los tiempos que ya forman parte de la prehistoria del PRO, Grindetti fue un adelantado: siempre insistió con que su fuerza, diseñada in vitro dentro de la Fundación Creer y Crecer, debía conquistar una cabeza de playa en la provincia de Buenos Aires. Para un hombre de corazón granate y confesas pasiones peronistas, la Normandía del macrismo era, sin dudas, Lanús.

Una década después de insistir con el mismo sueño, Grindetti está al frente del municipio que siempre quiso gobernar, pero la densidad de su pasado como el principal administrador de las cuentas porteñas se transformó en un obstáculo de consecuencias judiciales imprevisibles y una puerta para conocer el pasado de uno de los hombres más importantes de las finanzas personales de los Macri y el administrador del tercer presupuesto más importante de la Argentina durante ocho años.

SUÉLTAME, PASADO. En 2015, en medio de la victoria de Cambiemos, Grindetti tuvo su sitial en los medios gracias a la conquista de la tierra que gobernó Manuel Quindimil por más de tres décadas. Ahora, como una trampa del destino, volvió a protagonizar las primeras planas de los medios luego de que el fiscal federal Evers lo imputara por presunto enriquecimiento ilícito a raíz de la supuesta participación del funcionario en sociedades offshore creadas por el estudio de abogados Mossack Fonseca, según reveló la investigación internacional conocida como Panamá Papers, que también involucró a otros funcionarios del partido y al propio presidente.

Se investiga a Grindetti porque, entre julio de 2010 y el mismo mes de 2013, habría tenido un poder especial de ese estudio de abogados para operar en la firma Mercier International y otro para manejar una cuenta en un banco suizo de la firma Clariden Lew AG. La causa se inició con el pedido del fiscal de instrucción Martín Niklison, quien activó una denuncia penal contra el intendente “luego de tomar conocimiento de lo publicado por distintos medios de comunicación en cuanto a la investigación periodística Panamá Papers”, según consta en el escrito del fiscal.

La denuncia había sido presentada junto con otra contra Macri en el juzgado federal a cargo de Sebastián Casanello, quien ya investigaba al Presidente, por lo que tomó sólo la parte de la denuncia relacionada al primer mandatario. Entonces, el fiscal federal Federico Delgado interpretó que se trataba de dos investigaciones distintas y extrajo la demanda contra Grindetti del texto de la original para enviarla a sorteo: recayó en el juzgado de María Romilda Servini de Cubría con la intervención de Evers. Según este fiscal, Mossack Fonseca es una “empresa sospechada de crear empresas fantasma y de su vinculación con delitos de blanqueo de capitales de origen y de evasión impositiva”. La naturaleza de ese estudio ya es conocida, pero en la trama del PRO suma otro elemento denso: el principal contacto que tenía el estudio panameño con el entorno de Macri era el actual secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Pablo Clusellas, que tuvo el mismo cargo en la ciudad. Si Clusellas le cuidaba y la cuida la firma a Macri, Grindetti le administró y preservó una caja millonaria y una aceitada negociación con la Legislatura porteña para garantizarle a su jefe la aprobación de un presupuesto multimillonario que, en ocho años, se cuadruplicó, lo mismo que sucedió con el endeudamiento externo de la Capital.

OTRO DOLOR DE CABEZA EN MARCHA. En paralelo, los radicales K Leandro Santoro y Leopoldo Moreau reflotaron una denuncia penal que motorizaron en abril ante la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) por posibles conexiones delictivas entre la emisión de un bono por parte del Ministerio de Hacienda porteño en el primer semestre de 2010 y el poder que Mossack Fonseca le concedió a Grindetti para administrar la firma Mercier International y otro poder para manejar una cuenta en un banco suizo de la firma Clariden Lew AG.

Todo bajo el revuelo que ocasionaron los Panamá Papers, que también trajeron dolores de cabeza para Clusellas, Nicolás Caputo (amigo íntimo y consejero habitual del jefe de Estado), Claudio Avruj (secretario de Derechos Humanos), Daniel Angelici (presidente de Boca, vice del Colegio de Abogados porteño y operador judicial del titular del Ejecutivo) y Gustavo Arribas (titular de la AFI).

El disparador de este capítulo penal tiene que ver con esa deuda cuadruplicada en manos de Grindetti. El bono en cuestión es el Tango 08, colocado en el mercado por la Ciudad a través de un consorcio entre el Credit Suisse y la financiera KBR. Según anticipó hace un mes la revista Crisis, la emisión de estos títulos de deuda pública fue “por unos 475 millones de dólares” y  se concretó entre el 29 de marzo y el 6 de abril de 2010. El mismo medio informa que “el Credit Suisse tomó la deuda emitida por la Ciudad y salió a ofrecerla en el exterior, por lo que a cambio se le pagó una comisión por su operación del 0,75% del monto total. O sea, unos 3.562.500 dólares”.

“La emisión de bonos se hizo abril y mayo de 2010 y constituye la offshore en Panamá un mes después, en julio. La empresa KBR no tenía antecedentes en el mercado. A pesar de que la mayor parte del trabajo de intermediación lo hizo el banco Credit Suisse, la que cobró la mayor tajada de la intermediación, que fue del dos por ciento del total, fue KBR. Uno de sus directores era una persona vinculada al financiamiento de la campaña del PRO. Eran dos intermediarios, KBR y el Credit Suisse. El Credit Suisse está vinculado al blanco Clariden Lew, que es el banco en el cual aparece abierta la cuenta de la firma Mercier International en Panamá, de la cual era apoderado Grindetti”, reconstruyó la experta en investigaciones de lavado de dinero Natalia Volosin, en diálogo con el programa Entretiempo de Radio Concepto.

“En 2010 pensé hacer una inversión en el exterior. Vimos de encargar una sociedad pero nunca se efectivizó la inversión. Tras no tener actividad, el valor del movimiento económico es cero. Uno declara algo cuando hay movimiento económico”, reconoció el martes el ex ministro de Hacienda en declaraciones a radio La Red.