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El ala kirchnerista pretendía aprobar la ley sobre tablas el miércoles y se negó a bajar al recinto para tratar emergencia social. La jugada para apurar el dictamen y el malestar con Urtubey.
Por 15/12/2016 12:00 AM

La postergación del tratamiento de la reforma electoral había logrado disimular las tensiones que desde comienzos de año existen en el bloque del PJ-Frente para la Victoria en el Senado. Pero el debate por Ganancias reavivó las internas y amenaza con poner en juego la unidad de la bancada que conduce Miguel Ángel Pichetto.

El clima comenzó a espesarse el martes desde la mañana, cuando la palabra de los gobernadores, espantados por el supuesto agujero fiscal que les dejaría, empezó a ejercer presión sobre algunos senadores que ya habían decidido apoyar el proyecto aprobado por Diputados y se fue poniendo más tenso cuando, una vez finalizada la reunión de la comisión de Presupuesto y Hacienda, el dictamen no contaba con las nueve firmas necesarias para llevar el proyecto al recinto.

De los senadores del peronismo que integran la comisión solo Juan Manuel Abal Medina, Omar Perotti, Pedro Guastavino y Graciela de la Rosa habían estampado su firma, mientras que la santacruceña María Ester Labado prometió dar su apoyo pero nunca lo hizo formalmente. En tanto, el correntino Carlos Espínola estuvo en la comisión y se retiró mientras hablaban los gobernadores y el misionero Juan Manuel Irrazábal directamente no apareció por la reunión, pese a que después firmó el dictamen de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo que anuló el decreto de necesidad y urgencia que eliminó los reembolsos portuarios. Ninguno de los dos quiso acompañar el dictamen.

La llamativa ausencia de Irrazábal provocó la furia de algunos de sus compañeros de bancada, que lo acusaron de estar negociando con el oficialismo una silla en el Banco Central. El resto de los reproches fueron dirigidos durante la reunión del bloque del martes por la noche, a los otros dos miembros de la comisión, el salteño Rodolfo Urtubey y su primo, el catamarqueño Dalmacio Mera, que en línea con el gobernador Juan Manuel Urtubey, rechazaron el proyecto, y contra Pichetto por no haber podido conseguir las firmas para el dictamen.

El jefe del bloque intentó, entonces, calmar las aguas cuando le envió al Gobierno la propuesta de armar una mesa intersectorial para armar una nueva propuesta que pudiera ser votada antes de fin de año. En paralelo a la espera de la respuesta de la Rosada presionó con una jugada en la Comisión de Presupuesto: cambió a Irrazábal y Espínola por José Mayans y José Alperovich, sumando así dos nuevos apoyos al dictamen. Mientras, Abal Medina intentó conseguir el apoyo de Jaime Linares y el cordobés Carlos Caserio. Los dos pidieron poner un compás de espera hasta que el Gobierno contestara.

Pero la respuesta del Ejecutivo no fue la esperada. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunció el inicio de rondas de diálogos sin fecha de finalización precisa. "Lo que nos interesa es el resultado, que se beneficie a los trabajadores. No importa la forma", matizó Abal Medina.

El sector kirchnerista, que intentaba forzar la firma del dictamen y la aprobación del proyecto sobre tablas pese a que una de sus miembros, la senadora santacruceña Labado, se había negado a firmar el dictamen, inició entonces una rebelión interna. Reunidos en el despacho de Marcelo Fuentes, los senadores Ana Almirón, Virginia García, María de los Ángeles Sacnun, Anabel Fernández Sagasti, Inés Pilatti, Ruperto Godoy, Liliana Fellner y Nancy González, entre otros, decidieron no bajar al recinto a votar la ley de emergencia social.

Pichetto intentó entonces una nueva salida. Desde su banca propuso una moción para llevar al recinto el miércoles 21 el proyecto votado en Diputados, con o sin despacho de comisión, en caso de que no haya para entonces "un instrumento en la mesa que tenga consenso de los sectores del trabajo y los gobernadores”. El jefe del bloque consiguió así un poco más de aire para su bancada y para los gobernadores que necesitan del cuerpo unido para no perder su capacidad de negociación.

Ganancias volvió a agitar las tensiones en el bloque del PJ en el Senado

El ala kirchnerista pretendía aprobar la ley sobre tablas el miércoles y se negó a bajar al recinto para tratar emergencia social. La jugada para apurar el dictamen y el malestar con Urtubey.

La postergación del tratamiento de la reforma electoral había logrado disimular las tensiones que desde comienzos de año existen en el bloque del PJ-Frente para la Victoria en el Senado. Pero el debate por Ganancias reavivó las internas y amenaza con poner en juego la unidad de la bancada que conduce Miguel Ángel Pichetto.

El clima comenzó a espesarse el martes desde la mañana, cuando la palabra de los gobernadores, espantados por el supuesto agujero fiscal que les dejaría, empezó a ejercer presión sobre algunos senadores que ya habían decidido apoyar el proyecto aprobado por Diputados y se fue poniendo más tenso cuando, una vez finalizada la reunión de la comisión de Presupuesto y Hacienda, el dictamen no contaba con las nueve firmas necesarias para llevar el proyecto al recinto.

De los senadores del peronismo que integran la comisión solo Juan Manuel Abal Medina, Omar Perotti, Pedro Guastavino y Graciela de la Rosa habían estampado su firma, mientras que la santacruceña María Ester Labado prometió dar su apoyo pero nunca lo hizo formalmente. En tanto, el correntino Carlos Espínola estuvo en la comisión y se retiró mientras hablaban los gobernadores y el misionero Juan Manuel Irrazábal directamente no apareció por la reunión, pese a que después firmó el dictamen de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo que anuló el decreto de necesidad y urgencia que eliminó los reembolsos portuarios. Ninguno de los dos quiso acompañar el dictamen.

La llamativa ausencia de Irrazábal provocó la furia de algunos de sus compañeros de bancada, que lo acusaron de estar negociando con el oficialismo una silla en el Banco Central. El resto de los reproches fueron dirigidos durante la reunión del bloque del martes por la noche, a los otros dos miembros de la comisión, el salteño Rodolfo Urtubey y su primo, el catamarqueño Dalmacio Mera, que en línea con el gobernador Juan Manuel Urtubey, rechazaron el proyecto, y contra Pichetto por no haber podido conseguir las firmas para el dictamen.

El jefe del bloque intentó, entonces, calmar las aguas cuando le envió al Gobierno la propuesta de armar una mesa intersectorial para armar una nueva propuesta que pudiera ser votada antes de fin de año. En paralelo a la espera de la respuesta de la Rosada presionó con una jugada en la Comisión de Presupuesto: cambió a Irrazábal y Espínola por José Mayans y José Alperovich, sumando así dos nuevos apoyos al dictamen. Mientras, Abal Medina intentó conseguir el apoyo de Jaime Linares y el cordobés Carlos Caserio. Los dos pidieron poner un compás de espera hasta que el Gobierno contestara.

Pero la respuesta del Ejecutivo no fue la esperada. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunció el inicio de rondas de diálogos sin fecha de finalización precisa. "Lo que nos interesa es el resultado, que se beneficie a los trabajadores. No importa la forma", matizó Abal Medina.

El sector kirchnerista, que intentaba forzar la firma del dictamen y la aprobación del proyecto sobre tablas pese a que una de sus miembros, la senadora santacruceña Labado, se había negado a firmar el dictamen, inició entonces una rebelión interna. Reunidos en el despacho de Marcelo Fuentes, los senadores Ana Almirón, Virginia García, María de los Ángeles Sacnun, Anabel Fernández Sagasti, Inés Pilatti, Ruperto Godoy, Liliana Fellner y Nancy González, entre otros, decidieron no bajar al recinto a votar la ley de emergencia social.

Pichetto intentó entonces una nueva salida. Desde su banca propuso una moción para llevar al recinto el miércoles 21 el proyecto votado en Diputados, con o sin despacho de comisión, en caso de que no haya para entonces "un instrumento en la mesa que tenga consenso de los sectores del trabajo y los gobernadores”. El jefe del bloque consiguió así un poco más de aire para su bancada y para los gobernadores que necesitan del cuerpo unido para no perder su capacidad de negociación.