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SECCIONES
19.10.2016

El eje sistema & antisistema para entender la campaña electoral en EE.UU

Twitter: @lisansaba

El histórico esquema izquierda-derecha, tan útil para explicar la política del primer mundo, hace agua a la hora de analizar las elecciones presidenciales en el país norteamericano.

Si bien en cuestiones valóricas (defensa de minorías, cuestiones de género, racismo, etc), la posición de Hillary Clinton y de los demócratas en general se puede ubicar a la “izquierda”. Si analizamos los posicionamientos en cuestiones económicas, a pesar del giro que tuvo que dar Clinton a su campaña a partir de la imprevista pelea que le dio en las primarias su rival Bernie Sanders, el que defiende con más énfasis el proteccionismo es el republicano Donald Trump, contradiciendo en este punto (no en el de los valores) a su propio partido, tradicional promotor del libre mercado.

Un esquema útil para entender esta elección entonces podría ser el de sistema & antisistema. Para eso, deberíamos hacer el esfuerzo de superar cierta mirada adolescente que concibe al antisistema como un romántico, idealista con ideas de izquierda y costumbres austeras. Pues no, o al menos no siempre. En esta campaña, el candidato antisistema es el señor Trump que no tiene ninguna de esas características e incluso todo lo contrario.

Pero esta división no implica por cierto un juicio de valor en sí mismo. Ser la candidata del sistema no la convierte automáticamente a Hillary en una candidata peor o mejor que Trump ni tampoco a la inversa. Quienes quieran simpatizar con algunos de los dos desde sus convicciones ideológicas, deberán hacer un esfuerzo y analizar otras variables. I’m sorry.

Veamos: la condición de antisistema de Trump se refuerza con las innegables características de la señora Clinton como la candidata del sistema de poder norteamericano.

Hillary no es solo la continuidad del actual partido de gobierno sino que es la candidata de Wall Street (que ya expresó su “voto” subiendo y bajando las acciones de acuerdo a los números que le daban las encuestas a Hillary), es la candidata del Pentágono (tiene un largo historial como legisladora y funcionaria de avalar y promover intervenciones militares de EE.UU en el mundo) es la candidata de Hollywood, la maquina cultural tal vez más poderosa de la historia que a través de sus “voceros” se ha mostrado casi unánimemente a favor de Clinton, es la candidata de los medios que con excepciones como la conservadora Cadena Fox también ha blanqueado su respaldo a la candidata demócrata y como si todo esto fuera poco, Clinton también ha sumado el acompañamiento más o menos manifiesto de parte de la elite republicana que detesta a Trump.

Trump por su parte, además del proteccionismo económico y del rechazo – por razones económicas – a intervenciones militares externas, tiene dentro del universo del poder un respaldo notoriamente más reducido. Parte del Partido Republicano (muchos de ellos a regañadientes y solo para conservar su propia cuota de poder o la del Partido) la mencionada Cadena Fox y sectores conservadores extremistas que recelan a Clinton por sus posiciones progresistas en materia de valores. Pero el principal apoyo que tiene Trump y que habla de su condición de candidato antisistema es el del Presidente ruso Vladimir Putin. El Presidente Barack Obama y la propia Hillary acusan a los rusos de estar detrás del hackeo y posterior filtración de información sensible de la candidata demócrata difundida globalmente a través de Wikileaks.

Recordemos que el fundador y líder de Wikileaks está asilado hace tres años en la Embajada de Ecuador en Londres temeroso de que una causa por supuesto abuso sexual que le iniciaron en Suecia lo termine llevando a la Justicia norteamericana y a la silla eléctrica por las filtraciones realizadas. No solo eso, Rusia está en un momento de suma tensión con EE.UU y las potencias occidentales al punto tal que en la TV rusa se habla de una tercera guerra mundial poniendo como ejemplo los conflictos de Ucrania y Siria donde ambas potencias alimentan bandos enfrentados al mejor estilo Guerra Fría del siglo XX.

O sea, los verdaderos enemigos del sistema de poder norteamericano que no son ni el kirchnerismo ni las feministas del ENM ni el chavismo sino Putin y Assange “juegan” para Trump o al menos en contra de Clinton que en una elección de dos es casi lo mismo.

Entonces la mayoría de los medios norteamericanos y occidentales ponen el ojo en los reiterados comentarios sexistas de Trump y les dedican mucha menor cobertura a las filtraciones Clinton. Es tan obvia esa parcialidad que un diario como el Wall Street Journal la impugnó esta semana a través de una de sus columnistas estrellas, Kimberley Strassel . En contrapartida, las agencias de noticias rusas o de países aliados como incluso la cadena Telesur, si bien se cuidan de exaltar la – difícil – figura de Trump, no ocultan la difusión de los puntos débiles de la candidata demócrata. Globalización mediante, la batalla informativa también se libra en Argentina donde por caso el diario La Nación, se muestra mucho más favorable a Clinton de lo que recomendarían los cultores de la objetividad periodística.

Y las filtraciones de Hillary no tienen que ver con cuestiones personales como las de Trump (que por otra parte nadie ha aclarado de donde salieron, grabaciones de conversaciones privadas de hace más de diez años). Por el contrario, son discursos pagos en Wall Street donde expresa posiciones distintas a las que sostiene en campaña respecto por ejemplo los acuerdos de libre comercio o presiones a la Justicia para desmantelar las acusaciones por el uso de una cuenta de correo electrónica privada para sus actividades públicas como Secretaria de Estado.

Puede argumentarse con cierta solidez que la espectacularización a la que se ha visto expuesta la política a partir del auge de los medios de comunicación audiovisuales lleva a que se les dé más espacio a los comentarios escabrosos de Trump sobre las facilidades que tiene para tener sexo con mujeres bonitas por su condición de famoso que a los densos discursos de Hillary o el opaco caso de los correos, pero contrariamente a lo que se supuso inicialmente, estos comentarios de Trump no parecen haber afectado su base electoral y la diferencia que marcan las encuestas sigue siendo de no más de cuatro puntos a favor de Hillary.

Estados Unidos es un país complejo con muchas realidades conviviendo dentro de sí. Hace años que los estados de ambas costas votan mayoritariamente demócratas y que los del centro del país hagan lo propio con los republicanos. Los habitantes de California o Nueva York, son, en general, cosmopolitas y con trabajos integrados al mercado global. Por el contrario, en el interior profundo, pesa más la identidad propia y el rechazo al otro y muchos han perdido trabajos de calidad en función de una globalización económica que permite llevarse fábricas a países con mano de obra mucho más barata como México o China.

El diseño de los productos de última tecnología se hace en EE. UU pero la construcción de los mismos se realiza en China. Es lógico que un diseñador informático que vive en Sillicon Valley, rechace la xenofobia el racismo y la misoginia de Trump. Pero también tiene lógica que un obrero fabril que de Ohio que perdió su trabajo porque su empresa se fue a México, deteste a los inmigrantes latinos y sea receptivo al discurso proteccionista de Trump. La xenofobia no es solo cultural el tema de fondo, es que desde los 80 para acá la distribución del ingreso también en EE.UU ha empeorado y los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Un problema global que probablemente no alcanza a ser compensado con avances valóricos.   

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El eje sistema & antisistema para entender la campaña electoral en EE.UU

El histórico esquema izquierda-derecha, tan útil para explicar la política del primer mundo, hace agua a la hora de analizar las elecciones presidenciales en el país norteamericano.

Si bien en cuestiones valóricas (defensa de minorías, cuestiones de género, racismo, etc), la posición de Hillary Clinton y de los demócratas en general se puede ubicar a la “izquierda”. Si analizamos los posicionamientos en cuestiones económicas, a pesar del giro que tuvo que dar Clinton a su campaña a partir de la imprevista pelea que le dio en las primarias su rival Bernie Sanders, el que defiende con más énfasis el proteccionismo es el republicano Donald Trump, contradiciendo en este punto (no en el de los valores) a su propio partido, tradicional promotor del libre mercado.

Un esquema útil para entender esta elección entonces podría ser el de sistema & antisistema. Para eso, deberíamos hacer el esfuerzo de superar cierta mirada adolescente que concibe al antisistema como un romántico, idealista con ideas de izquierda y costumbres austeras. Pues no, o al menos no siempre. En esta campaña, el candidato antisistema es el señor Trump que no tiene ninguna de esas características e incluso todo lo contrario.

Pero esta división no implica por cierto un juicio de valor en sí mismo. Ser la candidata del sistema no la convierte automáticamente a Hillary en una candidata peor o mejor que Trump ni tampoco a la inversa. Quienes quieran simpatizar con algunos de los dos desde sus convicciones ideológicas, deberán hacer un esfuerzo y analizar otras variables. I’m sorry.

Veamos: la condición de antisistema de Trump se refuerza con las innegables características de la señora Clinton como la candidata del sistema de poder norteamericano.

Hillary no es solo la continuidad del actual partido de gobierno sino que es la candidata de Wall Street (que ya expresó su “voto” subiendo y bajando las acciones de acuerdo a los números que le daban las encuestas a Hillary), es la candidata del Pentágono (tiene un largo historial como legisladora y funcionaria de avalar y promover intervenciones militares de EE.UU en el mundo) es la candidata de Hollywood, la maquina cultural tal vez más poderosa de la historia que a través de sus “voceros” se ha mostrado casi unánimemente a favor de Clinton, es la candidata de los medios que con excepciones como la conservadora Cadena Fox también ha blanqueado su respaldo a la candidata demócrata y como si todo esto fuera poco, Clinton también ha sumado el acompañamiento más o menos manifiesto de parte de la elite republicana que detesta a Trump.

Trump por su parte, además del proteccionismo económico y del rechazo – por razones económicas – a intervenciones militares externas, tiene dentro del universo del poder un respaldo notoriamente más reducido. Parte del Partido Republicano (muchos de ellos a regañadientes y solo para conservar su propia cuota de poder o la del Partido) la mencionada Cadena Fox y sectores conservadores extremistas que recelan a Clinton por sus posiciones progresistas en materia de valores. Pero el principal apoyo que tiene Trump y que habla de su condición de candidato antisistema es el del Presidente ruso Vladimir Putin. El Presidente Barack Obama y la propia Hillary acusan a los rusos de estar detrás del hackeo y posterior filtración de información sensible de la candidata demócrata difundida globalmente a través de Wikileaks.

Recordemos que el fundador y líder de Wikileaks está asilado hace tres años en la Embajada de Ecuador en Londres temeroso de que una causa por supuesto abuso sexual que le iniciaron en Suecia lo termine llevando a la Justicia norteamericana y a la silla eléctrica por las filtraciones realizadas. No solo eso, Rusia está en un momento de suma tensión con EE.UU y las potencias occidentales al punto tal que en la TV rusa se habla de una tercera guerra mundial poniendo como ejemplo los conflictos de Ucrania y Siria donde ambas potencias alimentan bandos enfrentados al mejor estilo Guerra Fría del siglo XX.

O sea, los verdaderos enemigos del sistema de poder norteamericano que no son ni el kirchnerismo ni las feministas del ENM ni el chavismo sino Putin y Assange “juegan” para Trump o al menos en contra de Clinton que en una elección de dos es casi lo mismo.

Entonces la mayoría de los medios norteamericanos y occidentales ponen el ojo en los reiterados comentarios sexistas de Trump y les dedican mucha menor cobertura a las filtraciones Clinton. Es tan obvia esa parcialidad que un diario como el Wall Street Journal la impugnó esta semana a través de una de sus columnistas estrellas, Kimberley Strassel . En contrapartida, las agencias de noticias rusas o de países aliados como incluso la cadena Telesur, si bien se cuidan de exaltar la – difícil – figura de Trump, no ocultan la difusión de los puntos débiles de la candidata demócrata. Globalización mediante, la batalla informativa también se libra en Argentina donde por caso el diario La Nación, se muestra mucho más favorable a Clinton de lo que recomendarían los cultores de la objetividad periodística.

Y las filtraciones de Hillary no tienen que ver con cuestiones personales como las de Trump (que por otra parte nadie ha aclarado de donde salieron, grabaciones de conversaciones privadas de hace más de diez años). Por el contrario, son discursos pagos en Wall Street donde expresa posiciones distintas a las que sostiene en campaña respecto por ejemplo los acuerdos de libre comercio o presiones a la Justicia para desmantelar las acusaciones por el uso de una cuenta de correo electrónica privada para sus actividades públicas como Secretaria de Estado.

Puede argumentarse con cierta solidez que la espectacularización a la que se ha visto expuesta la política a partir del auge de los medios de comunicación audiovisuales lleva a que se les dé más espacio a los comentarios escabrosos de Trump sobre las facilidades que tiene para tener sexo con mujeres bonitas por su condición de famoso que a los densos discursos de Hillary o el opaco caso de los correos, pero contrariamente a lo que se supuso inicialmente, estos comentarios de Trump no parecen haber afectado su base electoral y la diferencia que marcan las encuestas sigue siendo de no más de cuatro puntos a favor de Hillary.

Estados Unidos es un país complejo con muchas realidades conviviendo dentro de sí. Hace años que los estados de ambas costas votan mayoritariamente demócratas y que los del centro del país hagan lo propio con los republicanos. Los habitantes de California o Nueva York, son, en general, cosmopolitas y con trabajos integrados al mercado global. Por el contrario, en el interior profundo, pesa más la identidad propia y el rechazo al otro y muchos han perdido trabajos de calidad en función de una globalización económica que permite llevarse fábricas a países con mano de obra mucho más barata como México o China.

El diseño de los productos de última tecnología se hace en EE. UU pero la construcción de los mismos se realiza en China. Es lógico que un diseñador informático que vive en Sillicon Valley, rechace la xenofobia el racismo y la misoginia de Trump. Pero también tiene lógica que un obrero fabril que de Ohio que perdió su trabajo porque su empresa se fue a México, deteste a los inmigrantes latinos y sea receptivo al discurso proteccionista de Trump. La xenofobia no es solo cultural el tema de fondo, es que desde los 80 para acá la distribución del ingreso también en EE.UU ha empeorado y los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Un problema global que probablemente no alcanza a ser compensado con avances valóricos.