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Los radicales ponen en pausa la construcción de Cambiemos en la Ciudad

Aducen diferencias programáticas, mientras el PRO esconde la fecha de elección. Las trabas de un acuerdo que involucra a Macri, Larreta y Lousteau. Los “tiempos” de Carrió y el infiltrado de Angelici.
undefined 22/06/2018 16:30

La negociación para constituir la alianza Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires se inició a un ritmo vertiginoso y en menos de una semana se enfrío. De la falta de diálogo se pasó a unos breves llamados telefónicos y, luego, de buenas a primeras, la cúpula de la Unión Cívica Radical (UCR) porteña almorzó con las espadas de Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió en el distrito. Pero un sector avanzó un tempo más rápido que el otro y hubo que bajar la velocidad de la conversación, retrasada por dos problemas: antes de llegar a un entendimiento, el radicalismo pide discutir la gestión de la Ciudad y el PRO esconde la fecha de la elección.

La construcción de Cambiemos se sigue de cerca en la Casa Rosada, de donde emanó la orden para apurar el proceso de cara a 2019. El presidente Mauricio Macri se lo reclamó a Rodríguez Larreta cuando viajaron juntos a Davos y se lo recordó en su encuentro en Villa La Angostura. El jefe de Gobierno consultó con su aliada Lilita y, tras una reunión previa con Alfredo Cornejo para “tantear” el terreno, encomendaron a sus hombres de confianza para dar comienzo a las conversaciones con el radicalismo.

Los destinatarios del pedido fueron Diego Santilli y Maximiliano Ferraro, jefes de campaña de Vamos Juntos en 2017, que también estuvieron en la cumbre realizada en Vicente López con el presidente de la UCR nacional, como informó Letra P. El macrista y el lilito reabrieron las conversaciones con el radicalismo porteño, que enfrentó al PRO el año pasado y conoció la furia larretista cuando el Gobierno porteño empezó a borrar de a uno a los funcionarios boina blanca vinculados a Martín Lousteau.

 

 

Tras saborear el menú de “cortes populares” de la parrilla La Brigada de San Telmo, el PRO y la Coalición Cívica dieron por iniciada la cruzada para amalgamar su tropa con la UCR. A pesar de apelar a la metodología del “paso a paso”, en el macrismo reinó el optimismo. Por el PRO estuvieron Santilli, Francisco Quintana y Eduardo Macchiavelli, mientras que Ferraro representó a Carrió. Emiliano Yacobitti, Guillermo De Maya y Leonardo Guacci fueron por la UCR. Hubo agenda abierta y buena voluntad para acordar un nuevo encuentro.

Lo mismos comensales se vieron el martes siguiente. En la previa del feriado del 20 de junio, tomaron café en La Biela. El encuentro en el tradicional bar de Recoleta registró más dudas que certezas y el diálogo se empantanó. La UCR comunicó el “enfriamiento” de la negociación y el PRO, que ante la primera reunión había anunciado con optimismo el inicio de la conversación, optó por el silencio.

El radicalismo decidió poner en pausa la negociación alegando diferencias programáticas con el macrismo. Los boina blanca propusieron discutir temáticas vinculadas a la gestión, como la educación y la salud en la Ciudad de Buenos Aires, y el macrismo rechazó elegantemente la invitación al debate. “Firmemos la alianza, luego discutimos lo que quieran”, responden en el PRO. En rigor, la  UCR quiere mantener su identidad partidaria y marcar sus diferencias una vez adentro de Cambiemos. Una especie de “carriotismo” a nivel porteño. Para el PRO, Carrió hay una sola, como lo deja claro Rodríguez Larreta al dedicarle el doble de tiempo que a sus aliados y consultarle cada uno de sus movimientos políticos.

En el larretismo quieren evitar esa discusión en este momento y preferirían empezar por acudir al juzgado de María Servini de Cubría y al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para inscribir la alianza Cambiemos. Si es posible, activar ambos trámites el mismo día. Sin embargo, la cuestión de fondo es otra: las cláusulas del acuerdo para forjar Cambiemos. Rodríguez Larreta está dispuesto a darle una interna a Lousteau, pero el radicalismo espera señales sobre esa posible PASO y exige definiciones acerca del calendario electoral. Estos temas se pelotearon el martes en La Biela y el PRO evadió cualquier certeza sobre cuándo y cómo serán las elecciones de 2019 en la Ciudad.

 

 

Macri le sugirió a Rodríguez Larreta que tenga en carpeta la unificación electoral, pero la Casa Rosada aún no define. Sin embargo, buena parte de la plana mayor de Cambiemos mira de reojo las intenciones de los gobernadores peronistas. Si las provincias del PJ adelantan las elecciones, bien podría la Ciudad mostrar un triunfo en las PASO de abril y las generales de julio para apalancar la reelección de Macri. Todo está en estudio y será material de debate luego del nuevo tema que preocupa en Balcarce 50: el Presupuesto 2019 y su concatenación con el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional.

Los votos para la unificación que pide Macri ya están. El macrismo cuenta con aval kirchnerista y peronista en la Legislatura porteña para sancionar el primer Código Electoral de la Ciudad, que también habilitaría al Poder Ejecutivo a fijar la fecha electoral que deseara. Este punto imprime un poco más de tensión en la relación con el radicalismo, que acaba de elaborar un proyecto alternativo para que en la Capital se mantenga el esquema desdoblado y los comicios tengan una fecha fija.

Curiosamente, podría ser el único aspecto en el que Larreta y Lousteau coinciden: ambos prefieren que la elección capitalina sea antes que la nacional. Sin embargo, el mandamás porteño acatará lo que reclame Macri, que aún sostiene que la unificación es el camino correcto. En el medio está Carrió, que pregunta por el lugar que la Casa Rosada le quiere dar a Lousteau, pero nadie se atreve a contestarle. En Balcarce 50 lo quieren adentro y fomentan la posibilidad de una PASO entre el ex embajador y el alcalde. Para Macri implicaría incrementar la base de sustentación y para Rodríguez Larreta representa la antipática situación de tener que cumplir con un mandato nacional al que no podrá oponerse.

 

 

 

Lousteau no cuenta con un representante en la mesa que negocia la constitución de Cambiemos en la Ciudad. Su voz la lleva el radicalismo porteño, aunque únicamente hablan por él Yacobitti y De Maya. La tercera pata radical, presente tanto en La Brigada como en La Biela, es Guacci, vinculado a Daniel "El Tano" Angelici, el más macrista de los radicales. Sonríe Rodríguez Larreta, que logró penetrar la UCR porteña casi sin transpirar: inició la incursión en la riña radical, pero luego el tema se cerró en la Casa Rosada. Su avanzada contó con el aval de Carrió, que por estos días admite en privado que le gustaría ser candidata a senadora nacional por la Ciudad y se ríe de la posibilidad de enfrentar al ex embajador.

En Cambiemos también esperan una señal de la UCR, pero en torno a las aspiraciones de Lousteau, una incógnita que ni la Casa Rosada pudo despejar. Si se diera la unificación, cada fuerza política que compita debería conseguir candidatos para cubrir siete categorías: presidente, senador nacional, diputado nacional, jefe de Gobierno, legislador, comunero y diputado para el Parlasur. En las huestes del economista tampoco hay certidumbre. Hay quienes especulan con que vuelva a competir como jefe de Gobierno por afuera de Cambiemos y quienes reclaman un armisticio y fantasean con verlo en la Cámara alta. Días atrás, Yacobitti insinuó que podría ser candidato presidencial. Múltiples escenarios y posibilidades en danza, mientras el PRO confía en cerrar Cambiemos y apura la vuelta al diálogo: el larretismo y la CC convocaron a una nueva reunión para el jueves 28.

La independencia partidaria y de criterio que reclama la UCR es la que busca imprimir en la Legislatura de la Ciudad, que el macrismo siempre calificó como de "mala voluntad" y "contradictoria" a la intención de formar Cambiemos. ¿En caso de avanzar con la constitución de la alianza mantendrían este reclamo? En el PRO creen que, a esta altura y con diferencias políticas claras, es poco probable amalgamar los bloques legislativos. Ante ese panorama, el macrismo, la CC y Confianza Pública mantendrían su bloque Vamos Juntos y actuarían en interbloque con el radicalismo vinculado a Lousteau. Sin embargo, ese debate está lejos y las conversaciones recién arrancan.“Falta maduración en el proceso de acercamiento”, advierten en el macrismo.

Los radicales ponen en pausa la construcción de Cambiemos en la Ciudad

Aducen diferencias programáticas, mientras el PRO esconde la fecha de elección. Las trabas de un acuerdo que involucra a Macri, Larreta y Lousteau. Los “tiempos” de Carrió y el infiltrado de Angelici.

La negociación para constituir la alianza Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires se inició a un ritmo vertiginoso y en menos de una semana se enfrío. De la falta de diálogo se pasó a unos breves llamados telefónicos y, luego, de buenas a primeras, la cúpula de la Unión Cívica Radical (UCR) porteña almorzó con las espadas de Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió en el distrito. Pero un sector avanzó un tempo más rápido que el otro y hubo que bajar la velocidad de la conversación, retrasada por dos problemas: antes de llegar a un entendimiento, el radicalismo pide discutir la gestión de la Ciudad y el PRO esconde la fecha de la elección.

La construcción de Cambiemos se sigue de cerca en la Casa Rosada, de donde emanó la orden para apurar el proceso de cara a 2019. El presidente Mauricio Macri se lo reclamó a Rodríguez Larreta cuando viajaron juntos a Davos y se lo recordó en su encuentro en Villa La Angostura. El jefe de Gobierno consultó con su aliada Lilita y, tras una reunión previa con Alfredo Cornejo para “tantear” el terreno, encomendaron a sus hombres de confianza para dar comienzo a las conversaciones con el radicalismo.

Los destinatarios del pedido fueron Diego Santilli y Maximiliano Ferraro, jefes de campaña de Vamos Juntos en 2017, que también estuvieron en la cumbre realizada en Vicente López con el presidente de la UCR nacional, como informó Letra P. El macrista y el lilito reabrieron las conversaciones con el radicalismo porteño, que enfrentó al PRO el año pasado y conoció la furia larretista cuando el Gobierno porteño empezó a borrar de a uno a los funcionarios boina blanca vinculados a Martín Lousteau.

 

 

Tras saborear el menú de “cortes populares” de la parrilla La Brigada de San Telmo, el PRO y la Coalición Cívica dieron por iniciada la cruzada para amalgamar su tropa con la UCR. A pesar de apelar a la metodología del “paso a paso”, en el macrismo reinó el optimismo. Por el PRO estuvieron Santilli, Francisco Quintana y Eduardo Macchiavelli, mientras que Ferraro representó a Carrió. Emiliano Yacobitti, Guillermo De Maya y Leonardo Guacci fueron por la UCR. Hubo agenda abierta y buena voluntad para acordar un nuevo encuentro.

Lo mismos comensales se vieron el martes siguiente. En la previa del feriado del 20 de junio, tomaron café en La Biela. El encuentro en el tradicional bar de Recoleta registró más dudas que certezas y el diálogo se empantanó. La UCR comunicó el “enfriamiento” de la negociación y el PRO, que ante la primera reunión había anunciado con optimismo el inicio de la conversación, optó por el silencio.

El radicalismo decidió poner en pausa la negociación alegando diferencias programáticas con el macrismo. Los boina blanca propusieron discutir temáticas vinculadas a la gestión, como la educación y la salud en la Ciudad de Buenos Aires, y el macrismo rechazó elegantemente la invitación al debate. “Firmemos la alianza, luego discutimos lo que quieran”, responden en el PRO. En rigor, la  UCR quiere mantener su identidad partidaria y marcar sus diferencias una vez adentro de Cambiemos. Una especie de “carriotismo” a nivel porteño. Para el PRO, Carrió hay una sola, como lo deja claro Rodríguez Larreta al dedicarle el doble de tiempo que a sus aliados y consultarle cada uno de sus movimientos políticos.

En el larretismo quieren evitar esa discusión en este momento y preferirían empezar por acudir al juzgado de María Servini de Cubría y al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para inscribir la alianza Cambiemos. Si es posible, activar ambos trámites el mismo día. Sin embargo, la cuestión de fondo es otra: las cláusulas del acuerdo para forjar Cambiemos. Rodríguez Larreta está dispuesto a darle una interna a Lousteau, pero el radicalismo espera señales sobre esa posible PASO y exige definiciones acerca del calendario electoral. Estos temas se pelotearon el martes en La Biela y el PRO evadió cualquier certeza sobre cuándo y cómo serán las elecciones de 2019 en la Ciudad.

 

 

Macri le sugirió a Rodríguez Larreta que tenga en carpeta la unificación electoral, pero la Casa Rosada aún no define. Sin embargo, buena parte de la plana mayor de Cambiemos mira de reojo las intenciones de los gobernadores peronistas. Si las provincias del PJ adelantan las elecciones, bien podría la Ciudad mostrar un triunfo en las PASO de abril y las generales de julio para apalancar la reelección de Macri. Todo está en estudio y será material de debate luego del nuevo tema que preocupa en Balcarce 50: el Presupuesto 2019 y su concatenación con el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional.

Los votos para la unificación que pide Macri ya están. El macrismo cuenta con aval kirchnerista y peronista en la Legislatura porteña para sancionar el primer Código Electoral de la Ciudad, que también habilitaría al Poder Ejecutivo a fijar la fecha electoral que deseara. Este punto imprime un poco más de tensión en la relación con el radicalismo, que acaba de elaborar un proyecto alternativo para que en la Capital se mantenga el esquema desdoblado y los comicios tengan una fecha fija.

Curiosamente, podría ser el único aspecto en el que Larreta y Lousteau coinciden: ambos prefieren que la elección capitalina sea antes que la nacional. Sin embargo, el mandamás porteño acatará lo que reclame Macri, que aún sostiene que la unificación es el camino correcto. En el medio está Carrió, que pregunta por el lugar que la Casa Rosada le quiere dar a Lousteau, pero nadie se atreve a contestarle. En Balcarce 50 lo quieren adentro y fomentan la posibilidad de una PASO entre el ex embajador y el alcalde. Para Macri implicaría incrementar la base de sustentación y para Rodríguez Larreta representa la antipática situación de tener que cumplir con un mandato nacional al que no podrá oponerse.

 

 

 

Lousteau no cuenta con un representante en la mesa que negocia la constitución de Cambiemos en la Ciudad. Su voz la lleva el radicalismo porteño, aunque únicamente hablan por él Yacobitti y De Maya. La tercera pata radical, presente tanto en La Brigada como en La Biela, es Guacci, vinculado a Daniel "El Tano" Angelici, el más macrista de los radicales. Sonríe Rodríguez Larreta, que logró penetrar la UCR porteña casi sin transpirar: inició la incursión en la riña radical, pero luego el tema se cerró en la Casa Rosada. Su avanzada contó con el aval de Carrió, que por estos días admite en privado que le gustaría ser candidata a senadora nacional por la Ciudad y se ríe de la posibilidad de enfrentar al ex embajador.

En Cambiemos también esperan una señal de la UCR, pero en torno a las aspiraciones de Lousteau, una incógnita que ni la Casa Rosada pudo despejar. Si se diera la unificación, cada fuerza política que compita debería conseguir candidatos para cubrir siete categorías: presidente, senador nacional, diputado nacional, jefe de Gobierno, legislador, comunero y diputado para el Parlasur. En las huestes del economista tampoco hay certidumbre. Hay quienes especulan con que vuelva a competir como jefe de Gobierno por afuera de Cambiemos y quienes reclaman un armisticio y fantasean con verlo en la Cámara alta. Días atrás, Yacobitti insinuó que podría ser candidato presidencial. Múltiples escenarios y posibilidades en danza, mientras el PRO confía en cerrar Cambiemos y apura la vuelta al diálogo: el larretismo y la CC convocaron a una nueva reunión para el jueves 28.

La independencia partidaria y de criterio que reclama la UCR es la que busca imprimir en la Legislatura de la Ciudad, que el macrismo siempre calificó como de "mala voluntad" y "contradictoria" a la intención de formar Cambiemos. ¿En caso de avanzar con la constitución de la alianza mantendrían este reclamo? En el PRO creen que, a esta altura y con diferencias políticas claras, es poco probable amalgamar los bloques legislativos. Ante ese panorama, el macrismo, la CC y Confianza Pública mantendrían su bloque Vamos Juntos y actuarían en interbloque con el radicalismo vinculado a Lousteau. Sin embargo, ese debate está lejos y las conversaciones recién arrancan.“Falta maduración en el proceso de acercamiento”, advierten en el macrismo.